Entrevista censurada: Sabina Berman y Eduardo Verástegui debaten familia, libertad y aborto

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Dos personas sentadas frente a frente en un espacio tipo biblioteca, conversando durante una entrevista; una mujer viste de blanco y escucha con atención, mientras un hombre con traje gris habla y gesticula suavemente.
Una entrevista intensa y frontal, donde dos visiones opuestas dialogan sin concesiones sobre familia, libertad y aborto.

La entrevista realizada por Sabina Berman a Eduardo Verástegui en el programa Largo Aliento se convirtió en tema nacional no solo por su contenido, sino porque fue retirada de las transmisiones de Canal 11 y Canal 14, decisión que desató un debate sobre censura, libertad de expresión y pluralidad en los medios públicos.

Más allá de la polémica por su salida del aire, la conversación puso sobre la mesa dos temas que dividen profundamente a la sociedad mexicana: el matrimonio entre personas del mismo sexo y el aborto.

Una entrevista intensa y sin concesiones

Durante casi una hora de conversación, Berman y Verástegui confrontaron visiones opuestas sobre política, religión, cultura y derechos. Verástegui se definió como un “hombre de misión”, católico, guadalupano y defensor de un ideario que resume en tres palabras: Dios, familia y libertad.

Berman cuestionó ese lema por sus resonancias históricas con discursos autoritarios del siglo XX. Verástegui rechazó cualquier vínculo con el fascismo y afirmó que su propuesta es exactamente lo contrario: limitar el poder del Estado y fortalecer a las personas y a las comunidades.

El intercambio fue directo, a ratos tenso, pero también con momentos de coincidencia, como cuando ambos acordaron que cualquier persona que abuse sexualmente de un menor, sin importar su cargo o posición, debe recibir castigos severos.

El debate sobre el matrimonio

Uno de los momentos más sensibles de la entrevista ocurrió cuando se abordó el tema del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Verástegui sostuvo que reconoce la existencia de estas familias y que todas las personas deben tener los mismos derechos civiles. Sin embargo, afirmó que, desde su visión, la palabra “matrimonio” solo debería aplicarse a la unión entre un hombre y una mujer, porque considera que las palabras tienen un significado que no debería alterarse.

Berman respondió que el lenguaje y las instituciones evolucionan junto con la sociedad, y que negar el término “matrimonio” a parejas del mismo sexo implica una forma de exclusión simbólica, aunque se reconozcan derechos legales.

Ambos coincidieron en que ninguna persona debe ser perseguida ni discriminada por su orientación sexual, pero mantuvieron posiciones irreconciliables sobre el significado cultural y social del matrimonio.

El aborto: el punto más áspero

El momento más confrontativo de la entrevista se dio al hablar del aborto.

Verástegui sostuvo que la vida humana comienza en la concepción y que el aborto es, en cualquier etapa, la eliminación de una vida que no puede defenderse. Insistió en que su postura no busca condenar a las mujeres, sino defender al no nacido y ofrecer alternativas sociales y económicas para que ninguna mujer sienta que abortar es su única opción.

Berman defendió el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, argumentando que la historia de la lucha feminista ha sido precisamente por la autonomía reproductiva y por no ser obligadas a la maternidad en condiciones adversas.

Ambos usaron argumentos morales, científicos, culturales y personales. El diálogo dejó claro que no se trataba solo de una discusión legal, sino de dos concepciones distintas sobre la vida, la libertad y la responsabilidad.

La libertad, en disputa

Otro eje central fue el concepto de libertad.

Verástegui afirmó que la libertad no es “hacer lo que se quiera”, sino actuar conforme a la verdad y al bien, porque de lo contrario se convierte en esclavitud a los propios impulsos. Berman, en cambio, defendió una libertad ligada a la autonomía personal y a la no intervención del Estado en las decisiones íntimas, siempre que no se dañe a terceros.

El choque no fue solo político, sino filosófico: ¿la libertad es obedecer lo que se considera correcto o elegir incluso contra lo que otros consideran correcto?

La censura y el debate público

La decisión de retirar la entrevista de los canales públicos generó reacciones encontradas. Para algunos, fue una forma de censura ideológica; para otros, una medida editorial ante un contenido considerado polémico o riesgoso.

Lo cierto es que la entrevista, lejos de apagar la discusión, la multiplicó. Circularon fragmentos en redes sociales, se organizaron debates paralelos y el nombre de ambos participantes volvió a estar en el centro de la conversación pública.

Más allá de estar de acuerdo

La entrevista entre Sabina Berman y Eduardo Verástegui no ofreció coincidencias sobre matrimonio igualitario ni sobre aborto, pero sí mostró algo menos frecuente: dos posturas opuestas dispuestas a confrontarse cara a cara, sin simplificaciones ni consignas de ningún tipo.

En una sociedad plural como la mexicana, el valor de este tipo de diálogos no está en que todos salgan convencidos, sino en que las diferencias se expresen con palabras y no con silencios impuestos. La polémica por su censura dejó una pregunta abierta: ¿queremos medios públicos que eviten los conflictos o que los hagan visibles para que la sociedad los piense y los discuta?

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