
La reunión del Foro Económico Mundial en Davos fue escenario de una corrección de rumbo por parte de Donald Trump. Tras semanas de declaraciones tensas sobre Groenlandia y advertencias arancelarias contra Europa, el presidente estadounidense optó por una salida negociada: anunció un “framework” de cooperación en materia de seguridad ártica con la OTAN y se retractó de sus amenazas comerciales. El episodio dejó ver tanto los límites de la presión trumpista como la fragilidad del equilibrio transatlántico.
En el Foro Económico Mundial 2026, celebrado en Davos, Suiza, el tema “Groenlandia” se volvió un caso de prueba de hasta dónde Trump está dispuesto a tensar la relación transatlántica usando herramientas comerciales como palanca política.
El Foro Económico Mundial es una organización internacional que cada año convoca, en Davos Suiza, a jefes de Estado y de gobierno, líderes empresariales, académicos y representantes de la sociedad civil para dialogar sobre los principales retos económicos, políticos, tecnológicos y sociales del mundo.
Aunque el foro no toma decisiones vinculantes, funciona como un espacio de agenda, influencia y coordinación informal, donde se contrastan visiones, se miden fuerzas geopolíticas y se ensayan consensos que luego suelen reflejarse en políticas públicas, estrategias empresariales y acuerdos internacionales.
Groelandia, la isla más grande del mundo, con una escasa población de alrededor de 56 mil habitantes por razones climatológicas, actualmente bajo dominio Danés, se volvió el centro de la atención mundial por su ubicación estratégica y sus riquezas minerales
Este año, en su intervención, Trump reiteró el interés de EE. UU. en “asegurar” Groenlandia por razones estratégicas (Ártico, rutas, presencia militar), pero por primera vez buscó bajar la alarma declarando que no usaría la fuerza militar para lograrlo.
A la vez, presentó (aún sin detalles) la idea de que ya existiría una estructura o “framework” con la OTAN para un arreglo sobre seguridad ártica, como una salida que atiende su objetivo de seguridad sin necesidad de hablar de “compra” directa de Groelandia.
En paralelo, desde Dinamarca y Groenlandia se insistió en que no hay transferencia de soberanía y que la isla no está en venta, por lo que la “estrctura”, si se concreta, apunta más a cooperación, infraestructura y defensa que a “adquisición”. Lo cual suena a ampliar y formalizar el uso estratégico del territorio de Groelandia por parte de EE. UU. sin afectar la soberanía de la Isla.
La confrontación con la Unión Europea
La fricción de Estados Unidos con los líderes europeos, que desde días atrás se había intensificado por el caso por las pretensiones de Trump de apoderarse de Groelandia para Estados unidos, giró en torno a dos cosas:
Por un lado estuvo la presión política de Estados Unidos sobre un territorio ligado a un Estado miembro de la OTAN (Dinamarca) y, por extensión, sobre la arquitectura de seguridad europea, y por otro lado, el uso de amenazas arancelarias como mecanismo de coerción: varios líderes, como Macron, presidente de Francia, quien estuvo muy visible en Davos, plantearon que ese tipo de presión podía activar una respuesta dura europea, llamada “bazuca económica”.
El giro del evento, y lo más relevante, fue que Trump retiró o al menos pausó la amenaza de aranceles contra aliados europeos tras su encuentro con Mark Rutte, secretario general del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y tras anunciar el “framework”.
Estado de la “bazuca comercial” europea
La “bazuca”, nombre mediático del Instrumento Anti-Coerción (ACI) de la Unión Europea fue mencionada como opción real porque fue diseñado precisamente para responder a una presión económica con fines políticos.
En la reunión Davos se habló de que había suficiente presión política como para considerar el uso de ACI o bazuca “por primera vez”, sin embargo la dinámica cambió cuando Trump dio marcha atrás con los aranceles anunciados. En palabras simples, la “bazuca” se enseñó y se explicó, pero no se disparó.
La posición de Canadá
Canadá se movió en dos planos: discurso político y señales de seguridad. En Davos, el primer ministro canadiense Mark Carney planteó que el viejo “orden” ya no es confiable, criticó el uso de aranceles como arma, y respaldó la soberanía de Dinamarca/Groenlandia, oponiéndose a la coerción económica vinculada al tema.
La agencia Reuters reportó que Canadá consideró enviar un pequeño contingente a Groenlandia como gesto de apoyo a Groelandia y como disuasión, lo cual muestra que Ottawa leyó el episodio como algo más que retórica comercial. Trump chocó públicamente con Carney en Davos, lo que refuerza que Canadá no quiso quedar como espectador.
Posible acuerdo Trump-OTAN
Hasta hoy de lo que tenemos certeza es que Trump confirmó la existencia un “framework” o estructura para un acuerdo con la OTAN sobre Groenlandia y lo vinculó al retiro de aranceles a Europa.
Los reportes coinciden en que los detalles son vagos y que el “framework” parece más un conjunto de concesiones parciales que un endoso a una “adquisición” territorial.
Lo que sigue siendo “versión” es qué compromisos concretos asumiría cada parte en materia de bases, inversión, minerales, defensa antimisiles, reglas de presencia, etc. Eso todavía está en la etapa de anuncios generales y cobertura periodística, no de texto público detallado.
Qué es el framework que detuvo la guerra comercial entre Estados Unidos y Europa
Cuando se habla de que el “marco o estructura” para acuerdos entre Estados Unidos y la OTAN, se apunta a un esquema de cooperación, infraestructura y defensa que sustituye la pretensión de adquisición de Groelandia por Estados Unidos, lo que aparentemente, significa ampliar y formalizar el uso estratégico del territorio de Groelandia por parte de EE. UU. sin afectar la soberanía de la isla, algo muy distinto a “comprar” la isla.
El framework entonces significaría la base para llegar a acuerdos jurídicos y militares ya conocidos en la OTAN, pero ampliados o profundizados, lo que implicaría varias concesiones:
Más instalaciones y capacidades:
Expansión de las bases militares ya existentes en Groelandia, como Pituffik/Thule, y la creación de nuevas infraestructuras como radares de alerta temprana, sensores árticos, logística aérea y naval, defensa antimisiles, ciberseguridad y vigilancia de rutas polares.
Acceso y presencia rotativa:
Mayor presencia militar estadounidense y de aliados en Groelandia bajo esquemas de rotación, ejercicios conjuntos y ubicación de equipo militar sin necesidad de autorización de los groelandeses.
Inversión civil-estratégica
Infraestructura dual (puertos, pistas, telecomunicaciones, energía) financiada o cofinanciada por EE. UU. y aliados, con alto impacto en la población civil local pero con finalidad estratégica.
Marco OTAN, no bilateral puro
Para reducir fricción política, el paraguas sería la OTAN, no un trato exclusivo EE. UU.–Groenlandia, lo que despersonaliza la iniciativa y la vuelve “aliada”, es decir, Estados Unidos aumentaría significativamente su presencia militar en Groelandia bajo el cobijo de la OTAN.
Este acuerdo no convierte a Groenlandia en territorio estadounidense, pero en la práctica Estados Unidos conseguiría sus objetivos iniciales, sin eliminar la autoridad de Dinamarca ni la autonomía groenlandesa.
El gran ausente en la reunión de Davos: Groenlandia
Aunque el Foro Económico Mundial reunió en Davos a los principales actores políticos y económicos del planeta, Groelandia fue el tema omnipresente sin estar presente en la mesa.
Sé habló sobre Groelandia por su valor estratégico en el Ártico, su peso en la seguridad atlántica y las tensiones derivadas del interés de Donald Trump, pero no habló Groelandia, ni como sujeto político con voz propia ni mediante una representación directa.
Esa ausencia subrayó el desequilibrio del debate, donde el territorio se discute como objeto geopolítico entre potencias y alianzas —incluida la OTAN— más que como actor con decisión sobre su propio futuro.










