Estados Unidos se retira de la Organización Mundial de la Salud: dinero, ciencia y poder en juego

Composición visual sobre la salud global con personal de laboratorio, el mapa del mundo y el emblema de la Organización Mundial de la Salud.
La Organización Mundial de la Salud coordina la respuesta sanitaria global apoyándose en redes científicas, financiamiento internacional y cooperación entre Estados.

La decisión de Estados Unidos de retirarse de la Organización Mundial de la Salud (OMS) no es algo menor. Se trata de uno de los sucesos más significativos en la estructura de la salud global de las últimas décadas, con implicaciones que van mucho más allá de una disputa política o administrativa.

Su retiro no solo reduce su presupuesto: altera la coordinación científica, la respuesta a emergencias y el equilibrio de la salud global.

¿Qué implica para la OMS?

Estados Unidos ha sido históricamente el mayor contribuyente financiero de la OMS, tanto en aportaciones obligatorias como voluntarias. Su salida supone, en primer lugar, un golpe presupuestal importante, pues muchos programas mundiales de salud deberán reducirse, reestructurarse o depender aún más de donaciones privadas y de otros Estados.

Pero el efecto no se reduce a atención directa a la salud, pues con la salida de Estados Unidos la OMS pierde peso político y capacidad de coordinación. La presencia estadounidense no era solo dinero, sino también influencia científica, capacidad logística, redes de investigación y liderazgo en emergencias sanitarias. Sin EE. UU., la organización queda más expuesta a tensiones geopolíticas y a la competencia de intereses regionales.

¿Qué cambia para el mundo?

Para el resto del planeta, el impacto es desigual. La OMS cumple funciones que ningún país puede asumir por sí solo, como coordinar respuestas ante pandemias y brotes transfronterizos, establecer estándares sanitarios internacionales (vacunas, medicamentos, protocolos) y apoyar a países con sistemas de salud frágiles.

La salida de EE. UU. debilita el principio de cooperación global en un momento en que los problemas de salud, específicamente la presencia de virus, la resistencia antimicrobiana y las crisis ambientales, no respetan fronteras. El riesgo no es inmediato, pero sí acumulativo en la medida en que las respuestas serán más lentas, menos coordinadas y más fragmentadas.

El efecto  para Estados Unidos

Aunque la decisión se presenta como una afirmación de soberanía, en la práctica EE. UU. también pierde. Queda fuera de los espacios donde se comparten datos clave, se diseñan alertas tempranas y se toman decisiones globales. En salud pública, aislarse debilita la capacidad de anticipación.

Además, al retirarse, Estados Unidos deja un vacío que otros actores llenarán, redefiniendo prioridades, enfoques y liderazgos en la gobernanza sanitaria mundial.

Un síntoma de algo mayor

Más allá de la OMS, esta salida refleja una tendencia preocupante: el retroceso del multilateralismo. La salud, como el clima o la migración, exige soluciones compartidas. Cuando una potencia se retira, no solo se repliega: rompe un eslabón de confianza internacional.

En síntesis, la salida de Estados Unidos de la OMS debilita a la organización, fragmenta la respuesta global en salud y envía la señal de que incluso frente a amenazas comunes, la cooperación ya no está garantizada. Y en un mundo interconectado, eso nos afecta a todos.

Cuánto participaba Estados Unidos dentro de la OMS

La participación de Estados Unidos se daba en tres niveles clave: gobernanza y toma de decisiones, respuesta a emergencias sanitarias y en la producción de conocimiento y evidencia científica.

Su ausencia dejará un hueco que pronto el resto de miembros deberán organizarse para cubrir, pues a menos que se llegue a acuerdos de cooperación, deberán bastarse a sí mismos para definir las prioridades sanitarias globales y definir las emergencias de salud pública, pues hasta ayer su peso político hacía que muchas resoluciones buscaran su respaldo para ser viables.

Por otro lado, Estados Unidos era un actor central en crisis sanitarias como brotes de ébola, influenza aviar, COVID-19 y zika. La OMS coordinaba, pero gran parte de la capacidad operativa real provenía de agencias estadounidenses como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

No debemos dejar de mencionar la importancia que tenía Estados Unidos en la producción de conocimiento y evidencia científica. La OMS se venía apoyando en redes de expertos, laboratorios y centros de investigación estadounidenses. Una parte muy significativa de esa red provenía de sus universidades, centros públicos de investigación y de sus institutos federales de salud. Esto le daba a la OMS respaldo científico de primer nivel para guías clínicas, vacunas y protocolos.

La pérdida es económica y científica 

Estados Unidos era el mayor contribuyente individual de la OMS. Aportaba entre 400 y 500 millones de dólares anuales, dependiendo del año. Esto representaba alrededor del 15 % del presupuesto total de la OMS. Al salirse EE. UU., ese dinero no se redistribuye automáticamente, sino que se pierde, salvo que otros países lo sustituyan voluntariamente.

Pero el impacto más profundo se dará en investigación y desarrollo (I+D) en salud. Estados Unidos es el mayor inversor mundial en investigación biomédica y el principal financiador del Instituto Nacional de Salud (NIH) que maneja más de 45 mil millones de dólares al año en investigación médica y mucha de esa investigación alimenta directamente vacunas, medicamentos, estudios clínicos y protocolos que luego la OMS valida y difunde globalmente.


La ausencia de Estados Unidos disminuirá en mucho el acceso directo a datos científicos de vanguardia y aumentará la dependencia de otras potencias de Europa y  China para investigación aplicada.

La OMS no investiga por sí misma en gran escala, sino que en gran medida coordina y valida. Sin EE. UU., esa validación pierde una de sus columnas más sólidas.

La OMS no desaparecerá, pero ahora deberá construir, con la participación del resto de países del mundo, un nuevo ecosistema para contribuir a la salud global. 

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