Iglesias ante la invasión a Venezuela: unas aplaudieron, otras callaron y algunas denunciaron

Personas desenfocadas conversando en un espacio cerrado, con ambiente sobrio y tonos neutros, que sugieren diversidad de opiniones y reflexión colectiva.
Reacciones diversas ante un mismo acontecimiento: las iglesias cristianas han respondido de manera desigual frente a la invasión de Venezuela, entre posturas celebratorias, llamados a la prudencia y condenas explícitas a la violencia.

Las reacciones de iglesias y líderes cristianos ante la invasión militar a Venezuela han sido diversas y, en algunos casos, abiertamente contradictorias. Mientras algunas voces celebraron la intervención, otras optaron por la prudencia pastoral y algunas más condenaron explícitamente la violencia y la injerencia extranjera.

Las reacciones de las iglesias cristianas ante la invasión militar a Venezuela y el secuestro de su presidente comenzaron a hacerse públicas en los días inmediatamente posteriores a los hechos, a inicios de enero de 2026. 

Lejos de una postura común, las respuestas provinieron de distintos niveles —opiniones personales en redes sociales, comunicados institucionales y declaraciones pastorales— y reflejaron enfoques teológicos y políticos claramente diferenciados.

En el ámbito evangélico conservador de Estados Unidos, algunas de las reacciones más visibles no se produjeron mediante comunicados oficiales de iglesias, sino a través de opiniones personales difundidas en redes sociales. 

Iglesias cristianas y evangélicas con distintas lecturas de los hechos 

El 4 y 5 de enero, Franklin Graham, presidente de la Billy Graham Evangelistic Association, publicó mensajes en los que celebró la salida de Nicolás Maduro del poder y llamó a orar por el liderazgo político estadounidense. Estos pronunciamientos, realizados desde cuentas personales verificadas, no hicieron referencia a la ilegalidad internacional de la intervención ni a las víctimas mortales derivadas de la operación militar. 

Otros pastores y divulgadores evangélicos con fuerte presencia digital expresaron valoraciones similares, generalmente en formato de comentarios, transmisiones en vivo o publicaciones de opinión, aunque estas posturas no representaron declaraciones institucionales formales de sus denominaciones.

En contraste, las iglesias evangélicas en Venezuela optaron por un perfil comunicativo distinto. El Consejo Evangélico de Venezuela, en comunicados difundidos entre el 6 y el 8 de enero, llamó a la oración, a la calma social y a la protección de la vida, subrayando la necesidad de evitar enfrentamientos y expresiones de violencia

Estos mensajes, emitidos como posicionamientos oficiales, evitaron tanto la celebración de la intervención militar como una valoración política directa de la misma, centrándose en el acompañamiento pastoral de la población.

A nivel regional e internacional, algunas instancias protestantes y ecuménicas sí adoptaron un lenguaje más explícito. Organismos vinculados a tradiciones presbiterianas y reformadas en América Latina, así como expresiones del Concilio Mundial de Iglesias, difundieron comunicados entre el 5 y el 7 de enero en los que rechazaron la invasión militar como forma de resolución de conflictos políticos y denunciaron la violación de la soberanía venezolana

En estos textos oficiales se afirmó que ninguna crisis interna justifica la injerencia armada de otro Estado y se criticó abiertamente la narrativa según la cual una potencia extranjera podría “administrar” o tutelar a un país en nombre del orden o la estabilidad.

La Iglesia Católica se expresó entre la prudencia y la complicidad 

En el ámbito católico, la respuesta institucional fue igualmente prudente, pero claramente diferenciada de las expresiones celebratorias observadas en redes. 

La Conferencia Episcopal Venezolana (conferencia de obispos), a través de mensajes difundidos a partir del 6 de enero, expresó cercanía con el pueblo venezolano, llamó a la oración, al discernimiento y a que las decisiones políticas se orienten al bien común

Estos comunicados, de carácter oficial, no celebraron la intervención militar ni justificaron el uso de la fuerza, pero tampoco incluyeron una condena explícita de la invasión ni un señalamiento directo del actor responsable.

En la misma línea se situaron los pronunciamientos del Papa León XIV, realizados en audiencias públicas y mensajes difundidos por canales oficiales de la Santa Sede durante la primera semana de enero. 

El énfasis del pontífice estuvo puesto en el sufrimiento de la población, la necesidad de preservar la paz, el respeto a la dignidad humana y el llamado al diálogo, sin una declaración formal que calificara la intervención militar desde el punto de vista jurídico o moral.

No hubo consenso en la opinión emitida desde el Evangelio 

El contraste entre estos posicionamientos permite observar una diferencia fundamental entre las opiniones personales de líderes religiosos y de opinión emitidas en espacios digitales, muchas veces celebratorias y políticamente alineadas con los intereses de la derecha de Estados Unidos y las  declaraciones institucionales, que en general adoptaron un tono más cauto, pastoral o crítico frente al uso de la violencia

Mientras algunas voces religiosas interpretaron los hechos en clave de victoria de la “justicia”, cualquier cosa que entiendan ellos por justicia, o liberación, lo que sea que entiendan por libertad, otras voces de líderes religiosos optaron por el silencio prudente o por una denuncia explícita de la injerencia militar y de sus implicaciones para el derecho internacional.

Este panorama muestra que, frente a un mismo acontecimiento, las iglesias cristianas de diferentes denominaciones, reaccionaron de manera diversa desde niveles de autoridad distintos y con preferencias políticas diferentes. 

Las expresiones públicas de los líderes religiosos deja constancia, mediante comunicados oficiales verificables, de que existen comunidades y organismos cristianos que sostuvieron que la defensa de la vida, de la soberanía y del derecho de los pueblos a decidir su destino, constituye un criterio ético irrenunciable, incluso en contextos de crisis profunda.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here