Pilgrim’s Pride y el Plan México: inversión, autosuficiencia y crecimiento con prosperidad

El Secretario de Economía Marcelo Ebrard con la Presidenta Claudia Sheinbaum, protagonistas principales del Plan México.
La inversión de Pilgrim’s Pride busca fortalecer la producción nacional de pollo y convertir al sur-sureste en un nuevo polo agroindustrial dentro del Plan México.

La inversión de 1,300 millones de dólares anunciada por Pilgrim’s Pride para 2026-2030 se inserta en la estrategia del Plan México para fortalecer la producción nacional de alimentos, reducir importaciones y activar polos de desarrollo, especialmente en el sur-sureste del país.

El anuncio de que Pilgrim’s Pride invertirá 1,300 millones de dólares en México entre 2026 y 2030 trae una inyección de optimismo para la economía nacional. No se trata únicamente de una cifra grande; se trata de un proyecto que conecta con una idea más amplia: que el crecimiento económico puede ir de la mano de la prosperidad compartida.

El anuncio fue presentado como parte del llamado Plan México, una estrategia que busca fortalecer la producción nacional, reducir dependencias externas y convertir la inversión en desarrollo real. En este caso, el eje es claro: producir más pollo en México para importar menos, con una meta explícita de reducir en alrededor de 35% las importaciones de este producto.

Producir en casa lo que hoy traemos de fuera

México es uno de los mayores consumidores de carne de pollo en América Latina. Sin embargo, una parte importante de lo que se come viene del extranjero. Eso implica depender de precios internacionales, de cadenas logísticas largas y de decisiones que no se toman en el país.

La inversión de Pilgrim’s busca cambiar ese equilibrio ampliando la capacidad productiva, modernizando plantas, construyendo nuevas instalaciones y aumentando la producción anual en cientos de miles de toneladas.

El objetivo no es solo crecer, sino sustituir importaciones con producción nacional. Esto significa que una mayor cantidad del pollo que llega a la mesa de las familias mexicanas haya sido criado, procesado y distribuido dentro del país.

Eso tiene un efecto directo en la balanza comercial, pero también en la estabilidad de precios, en la seguridad alimentaria y en la capacidad del país para resistir crisis externas.

El sur-sureste: del rezago al protagonismo productivo

Uno de los aspectos más significativos del anuncio es su enfoque regional. De los 1,300 millones de dólares anunciados, alrededor de 950 millones se concentrarán en el sur-sureste, especialmente en Veracruz, Campeche y Yucatán. El resto se invertirá en los estados de Durango, Coahuila m Querétaro e Hidalgo.

No es un dato menor. Durante décadas, esta región del sur-sureste del país ha sido señalada no solo por su potencial sino por su rezago. Hoy aparece como el centro de una apuesta productiva que incluye plantas de alimento para aves, incubadoras, centros de producción y nuevas plantas procesadoras.

La lógica es clara: no basta con crecer; hay que crecer donde más se necesita. Si el sur-sureste se convierte en un polo agroindustrial fuerte, el impacto no será solo empresarial: se moverán transportistas, proveedores, agricultores, técnicos, comercios y servicios locales.

El desarrollo deja de ser un discurso y se vuelve realidad en territorios concretos

El empleo ahora deja de ser una promesa, y se convierte en un proyecto concreto. El plan contempla al menos 4,000 empleos directos, muchos de ellos en zonas rurales o semiurbanas donde el empleo formal suele ser escaso. Pero el efecto no termina ahí.

La industria avícola es una cadena larga: granos, transporte, empaques, mantenimiento, veterinaria, energía, comercio. Cada planta nueva arrastra un ecosistema productivo.

Ahí es donde el Plan México quiere jugar su carta principal: que la inversión no sea una isla, sino un archipiélago de oportunidades. Que los proveedores locales entren a la cadena, que las comunidades no solo vean pasar camiones, sino que formen parte del proceso.

Productividad con mirada de futuro

Parte de la inversión también está destinada a modernización tecnológica y energética. En algunas regiones se han anunciado proyectos de paneles solares y biogás, lo que apunta a una idea cada vez más presente: producir más, pero con menores costos energéticos y menor impacto ambiental.

No es todavía una revolución verde, pero sí una señal de que la competitividad del futuro pasa por la eficiencia, no solo por el volumen.

Crecer con prosperidad: la apuesta de fondo

El Plan México se define no solo por atraer inversiones, sino por orientarlas hacia sectores estratégicos, hacia regiones históricamente rezagadas, hacia la sustitución de importaciones y hacia el empleo formal.

La inversión de Pilgrim’s Pride encaja bien en esa lógica. No es perfecta ni resuelve todo y no está exenta de retos: habrá que vigilar el impacto ambiental, el uso del agua, las condiciones laborales, la competencia justa y la integración de productores locales.

Pero, vista en conjunto, es una noticia que permite algo poco frecuente en el debate público: un optimismo razonado porque hay inversión real, porque hay producción, porque hay empleo y porque hay una estrategia detrás.

No se trata de celebrar por celebrar. Se trata de reconocer que, cuando la política económica se conecta con un territorio específico y con la vida cotidiana, el crecimiento deja de ser solo una cifra y empieza a convertirse en prosperidad compartida por todos los mexicanos.

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