Tras el rechazo de la reforma electoral, Morena y sus aliados cierran filas para impulsar el Plan B

0
36
Dirigentes de Morena, el Partido Verde y el Partido del Trabajo durante un posicionamiento público en el que manifestaron su respaldo al llamado Plan B electoral.
Dirigentes y coordinadores parlamentarios del bloque oficialista durante el posicionamiento público de respaldo al llamado “Plan B” electoral. En la imagen aparecen Luisa María Alcalde Luján, presidenta nacional de Morena; Manuel Velasco Coello, dirigente del Partido Verde Ecologista de México; Alberto Anaya Gutiérrez, líder del Partido del Trabajo; así como los coordinadores parlamentarios de Morena Ignacio Mier Velazco en el Senado y Ricardo Monreal Ávila en la Cámara de Diputados. En el encuentro también participó la secretaria de Gobernación Rosa Icela Rodríguez, mientras que observadores destacaron la ausencia del legislador Pablo Gómez, figura relevante en la discusión sobre la reforma electoral.

La alianza Morena-PT-Verde recompone filas, la duda es si el electorado de la 4T olvidará que los aliados rechazaron la reforma electoral de la presidenta Sheinbaum

Después del rechazo legislativo a la reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum, el escenario político comenzó a reacomodarse rápidamente. Morena, el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) anunciaron un acuerdo para respaldar el llamado Plan B electoral, una iniciativa alternativa que busca avanzar en la reducción de costos políticos sin modificar la Constitución. 

El acuerdo fue resultado de largas negociaciones entre dirigentes y coordinadores parlamentarios de los tres partidos, realizadas en la Secretaría de Gobernación y extendidas hasta la madrugada. 

La señal política es clara: la coalición oficialista intenta recomponer su unidad después de un episodio que expuso tensiones internas.

Cuando los aliados dejaron de serlo

La reforma electoral original no alcanzó la mayoría calificada necesaria en la Cámara de Diputados. Para modificar la Constitución se requerían votos que Morena, al no contar con sus aliados, no logró reunir.

En ese momento quedaron en evidencia los intereses propios de cada partido. El Partido Verde y el Partido del Trabajo, aunque forman parte del bloque gobernante, tienen estructuras políticas y electorales propias. Reducir recursos a partidos, modificar el equilibrio legislativo o cambiar reglas del sistema político podía afectar directamente su margen de operación.

Por ello, cuando se discutió la reforma constitucional, el respaldo de los aliados fue mínimo e insuficiente para alcanzar los votos necesarios.

El Plan B como salida política

El llamado Plan B aparece precisamente como una vía para mantener el objetivo político sin requerir una reforma constitucional. Entre las medidas planteadas se encuentran:

  • poner límites al gasto de los congresos locales
  • homologar y reducir el número de regidores en los municipios
  • abrir la posibilidad de consultas populares sobre algunos temas electorales

Según estimaciones del gobierno, estas medidas podrían generar ahorros cercanos a los 4 mil millones de pesos, recursos que se quedarían en estados y municipios para obra pública y servicios locales. 

En este nuevo escenario legislativo, donde basta una mayoría simple, la coalición Morena-PT-PVEM tiene posibilidades reales de avanzar.

La duda política: ¿cómo reaccionará el electorado?

Sin embargo, el acuerdo entre los partidos no elimina la pregunta que quedó flotando después de la votación fallida.

Muchos simpatizantes de la llamada Cuarta Transformación interpretaron el rechazo de la reforma electoral como una defensa de privilegios políticos. El propio gobierno insistió en que el objetivo central de la reforma era reducir el costo de la política.

Desde esa perspectiva, el comportamiento de los partidos aliados generó una tensión narrativa: ¿por qué los que forman parte del proyecto de gobierno no respaldaron desde el inicio una reforma que buscaba reducir privilegios? La respuesta puede ser más compleja de lo que parece.

Las coaliciones políticas funcionan, en buena medida, como equilibrios entre proyectos compartidos y supervivencia partidista. Incluso dentro de un mismo bloque, cada partido evalúa cómo cada reforma afecta su propia estructura.

Una alianza que vuelve a cerrar filas

El acuerdo para impulsar el Plan B muestra que, al menos por ahora, la coalición oficialista optó por cerrar filas.

Los tres partidos han reiterado que la nueva iniciativa busca una democracia más austera y representativa, eliminando gastos que consideran innecesarios dentro del sistema político. 

La pregunta de fondo, sin embargo, no es solo legislativa sino esencialmente política.

Lo que observará el electorado

La reacción del electorado de la 4T dependerá de cómo interprete lo ocurrido en las últimas semanas.

Hay, al menos, tres posibles lecturas entre los ciudadanos que respaldan al proyecto político:

  1. La pragmática: las coaliciones siempre negocian; lo importante es que el proyecto avance finalmente.
  2. La crítica: los partidos aliados demostraron que también defienden intereses propios dentro del sistema político.
  3. La estratégica: el rechazo inicial permitió exhibir públicamente a quienes no estaban dispuestos a reducir privilegios.

Cuál de estas interpretaciones prevalezca dependerá de cómo evolucione el debate público en los próximos meses.

Más allá de la aritmética legislativa, el episodio dejó una pregunta que probablemente seguirá acompañando la discusión política en México:

¿Hasta dónde están dispuestos los propios partidos políticos a reducir el costo de la política?

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here