Ver series y películas hoy: lo que empieza a incomodar

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Matrimonio sentado en la sala de su casa mirando una televisión, con tazas de café y palomitas sobre la mesa, en un ambiente cálido y reflexivo.
Ver cine en casa ya no es solo pasar el rato: cada vez más espectadores notan cuándo una historia no tiene rumbo, cuándo un diálogo suena falso o cuándo una escena sobra.

Un espectador común empieza a notar escenas que sobran, diálogos que fallan y temas que se repiten. Desde esa mirada cotidiana surge una pregunta incómoda: ¿qué le está pasando al cine mexicano?


Ver cine ya no es solo sentarse a entretenerse. Para muchos espectadores —sin ser críticos ni expertos— algo ha cambiado: ahora se notan las costuras: la forma como se dirige, como se arman los diálogos, los temas seleccionados, los personajes diseñados, el movimiento de cámaras, todo se nota. Y cuando es “malo”, incomoda.

Hoy podemos darnos cuenta cuando una escena no empuja la historia, un diálogo que suena falso, un personaje que parece metido a la fuerza, una película que no sabe bien a dónde va. Sí esto lo notamos en el cine que tiene muchas décadas de experiencia como el estadounidense, el inglés, el noruego o el francés, más lo notamos en el cine mexicano.

Cuando eso pasa una y otra vez en el cine nacional, deja de ser casualidad y surge la pregunta: ¿qué está pasando con el cine mexicano?

No se trata de despreciar lo nacional ni de idealizar lo extranjero. Se trata de comparar, porque hoy el espectador compara aunque no quiera. Con presionar un botón puede ver series y películas de Corea, Noruega, India, Francia, Reino Unido, Canadá o Estados Unidos. Si algo no funciona, lo quita y pone otra cosa. Ya no existe el “ves lo que hay”.

Y ahí es donde muchas producciones mexicanas empiezan a perder. No porque no haya talento. De hecho hay actores buenos, directores capaces, fotógrafos brillantes, guionistas con ideas. Lo que falta no es gente: falta exigencia, falta sistema, falta continuidad, tiempo, dinero bien usado, revisión, corrección, paciencia. Falta la posibilidad de hacer un proyecto, aprender, fallar, volver a hacer otro, mejorar. En muchos casos aquí se filma cuando se puede y no cuando se debe.

También se nota en las voces. En cine no se habla como en la sala de la casa ni como en la calle. Se habla para que la emoción llegue. Cuando no se cuida eso, el espectador no entiende lo que dicen, no por volumen, sino por falta de intención.

La dirección también se siente. Una buena película se percibe como un camino: aunque no sepas a dónde va, cada escena empuja algo. En muchas producciones mexicanas da la impresión de que las escenas se van sumando sin un plan claro. Por eso mucha gente dice: “esa escena salió sobrando”. No sobra tiempo: sobra sentido.

Las locaciones y los actores repiten demasiado. Los mismos rostros, los mismos tipos de casa, los mismos barrios, los mismos interiores. El mundo se vuelve chico. En otros países el cine muestra muchos mundos: clases distintas, regiones distintas, formas distintas de hablar y vivir. Aquí pareciera que siempre filmamos en el mismo pedazo de país.

Pero lo más doloroso es la selección de temas. No es verdad que en México no se pueda hacer buen cine  policiaco, buen thriller, buena historia romántica, ciencia ficción, terror o misterio. Claro que se puede. No hay nada en el país que lo impida. Lo que pasa es que muchos productores creen que eso “no es mexicano” o que “eso no vende”. Entonces se repiten los mismos caminos: narco, miseria, comedia fácil, drama de pobreza, barrio como destino.

No porque esos temas no valgan, sino porque no pueden ser los únicos. En otros países se atreven a contar cualquier cosa con su propio acento: amor, miedo, futuro, crimen, política, familia, fantasía. Aquí muchas veces parece que solo podemos contar lo que ya está gastado.

A veces se dice que el público mexicano no exige calidad. Que “con cualquier cosa se entretiene”. Eso pudo funcionar cuando no había opciones. Hoy no. Hoy el espectador prueba calidad todos los días en producciones de todo el mundo. Y cuando prueba calidad, aprende a distinguirla. Ya no es tan fácil engañarlo.

Una frase que de alguna manera explica la calidad del cine y la televisión en México, fue la pronunciada por el dirigente de TELEVISA, Emilio Azcárraga Milmo, conocido como El Tigre, hace más de dos décadas, el 10 de febrero de 1993 y publicada en el Diario Nacional, ahora desaparecidoMéxico es un país de una clase modesta muy jodida, que no va a salir de jodida. Para la televisión es una obligación llevar diversión a esa gente y sacarla de su triste realidad y de su futuro difícil”.

Entonces, ¿de quién es la responsabilidad? No es de uno solo. Los empresarios y productores tienen que dejar de tratar al público como si no entendiera. Invertir en escribir bien, en revisar, en ensayar, en planear. No hacer rápido: hacer con sentido.

Los creadores tienen que exigirse más. No todo se arregla con dinero. Hay guiones flojos que no se corrigen con presupuesto. En muchos lugares un guion pasa por muchas versiones antes de filmarse. Aquí a veces se filma demasiado pronto.

El Estado tiene un papel, no para decir qué historias contar, sino para crear condiciones: apoyos al desarrollo de guion, reglas estables, apoyo a la distribución, formación sólida. En países con cine fuerte no todo es mercado: también hay política cultural inteligente.

Y el público también cuenta. Cuando algo mexicano está bien hecho, hay que verlo, decirlo, recomendarlo. Si nunca apoyamos lo bueno, los productores siempre dirán que no vale la pena arriesgar.

El hecho de que muchos directores y actores mexicanos brillen fuera del país demuestra algo importante: el problema no es el talento. Es el lugar donde ese talento trabaja.

No se pide cine perfecto. Se pide cine honesto, bien pensado, con rumbo. Que aunque no te guste el tema, puedas decir: está bien actuado, bien escrito, bien dirigido.

No cine que dé pena. Cine que dé ganas de decir: esto es nuestro… y está bien hecho. No por patriotismo, sino por puro gusto. Porque hoy, si México no se activa, el mundo no lo va a esperar. Pero muchos espectadores sí quieren verlo. Hecho en México. Bien hecho. Por mexicanos. Para todos.

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