
La mañana comenzó antes de que iniciara la concentración. Desde el aeropuerto de Chihuahua ya podía sentirse que no sería un acto ordinario. Militantes, operadores políticos, legisladores y simpatizantes de Morena comenzaron a llegar desde distintos puntos del estado y del país mientras el ambiente político nacional seguía marcado por el choque entre Morena y la oposición en torno a las acusaciones cruzadas entre Chihuahua y Sinaloa.
La convocatoria había sido presentada durante toda la semana como una movilización en defensa de la soberanía nacional. Pero en realidad, conforme avanzaban las horas, quedaba claro que la concentración también funcionaría como una demostración política de Morena en uno de los territorios históricamente más difíciles para el partido: Chihuahua.
Desde temprano comenzó a circular información de bloqueos carreteros, retrasos y dificultades para trasladar contingentes hacia la capital del estado. Grupos panistas se organizaron para protestar en el aeropuerto contra la presencia de líderes nacionales de Morena. La tensión política ya estaba instalada incluso antes de que iniciara la movilización.
La movilización tenía además un peso simbólico especial. Morena decidió responder desde Chihuahua al debate nacional provocado por el presunto involucramiento de la estadounidense Agencia Central de Inteligencia (CIA) en operativos dentro del territorio mexicano.
El tema se convirtió en uno de los ejes discursivos de la nueva dirigencia nacional encabezada por Ariadna Montiel, quien ha insistido en que México enfrenta una narrativa internacional orientada a debilitar políticamente al movimiento gobernante.
Poco a poco comenzaron a reunirse los contingentes cerca del centro histórico. Banderas guindas, pancartas con mensajes contra el intervencionismo extranjero y consignas de respaldo a la presidenta Claudia Sheinbaum acompañaron el avance de los grupos hacia las inmediaciones del Palacio de Gobierno.
Mientras Morena reforzaba la idea de que Chihuahua sería un escenario de demostración de fuerza política y movilización popular, el PAN dejaba claro que no cedería el Estado e hizo uso de recursos para instalar obras de reparación justo por el camino por donde transitaría la marcha. Dirigentes morenistas acusaron al gobierno estatal de obstaculizar la movilización.
Entre los asistentes destacaba también la presencia de Andrés Manuel López Beltrán, figura que cada vez adquiere mayor relevancia dentro de la estructura nacional morenista. La combinación entre la nueva dirigencia partidista y los operadores cercanos al obradorismo reforzaba la idea de que Chihuahua había sido elegido como escenario de una confrontación política de mayor alcance rumbo a 2027.
Sin embargo, conforme avanzó la jornada también apareció otro elemento imposible de ignorar: la asistencia no alcanzó las expectativas construidas durante los días previos. Morena construyó la expectativa de una movilización masiva, incluso histórica para Chihuahua, y aunque la dirigencia aseguró posteriormente que asistieron 20 mil personas, distintos reportes periodísticos y las imágenes difundidas desde el centro de la capital mostraron una concentración considerablemente menor.
Eso no impidió que los discursos mantuvieran un tono duro. Desde el templete, dirigentes morenistas acusaron a la gobernadora Maru Campos de permitir actos que vulneran la soberanía nacional y reiteraron la intención de impulsar un juicio político en su contra.
La narrativa giró constantemente alrededor de una idea: Chihuahua se había convertido en un símbolo de la disputa entre dos proyectos políticos y de la discusión sobre el papel de Estados Unidos dentro de la seguridad mexicana.
Mientras el acto avanzaba, en las calles cercanas podían verse escenas contrastantes. Algunos simpatizantes coreaban consignas con entusiasmo; otros observaban con distancia; algunos ciudadanos simplemente continuaban su rutina cotidiana alrededor del centro histórico.
La movilización no paralizó completamente la ciudad, pero sí logró instalar por algunas horas el tema político nacional en el corazón de Chihuahua capital.
Al final de la jornada quedó una imagen compleja: Morena consiguió convertir a Chihuahua en el centro de una disputa nacional sobre soberanía, intervención extranjera y confrontación política, pero también quedó expuesta la dificultad del movimiento para movilizar grandes masas en un estado donde el PAN mantiene una estructura política y social todavía sólida.










