Tonanitla y el AIFA: el conflicto por 850 hectáreas que revela una disputa mucho más profunda

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Personas bloquean accesos vehiculares cercanos al AIFA en medio del conflicto territorial entre Tonanitla y Tecámac por 850 hectáreas en disputa.
Bloqueos realizados por habitantes y ejidatarios de Tonanitla en accesos al AIFA visibilizaron una disputa territorial y administrativa que involucra límites municipales y el crecimiento económico de la región.

El bloqueo al aeropuerto no parece ser solamente un problema de tránsito, sino el reflejo de una disputa territorial, política y económica detonada por el nuevo valor de la tierra alrededor del AIFA

Diversos medios nacionales comenzaron a informar desde el 11 de mayo sobre bloqueos realizados por ejidatarios, comuneros y habitantes de Tonanitla en los principales accesos al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles. Las imágenes rápidamente llamaron la atención: pasajeros caminando con maletas hacia la terminal, filas detenidas y retrasos en uno de los proyectos aeroportuarios más importantes del actual gobierno federal.

Las protestas surgieron acompañadas de una exigencia que para muchos sonó confusa o incluso alarmante: la “devolución” de 850 hectáreas presuntamente vinculadas al municipio de Tonanitla. En un primer momento, las expresiones utilizadas hicieron pensar en una escena típica de conflicto agrario: campesinos denunciando el despojo físico de sus tierras.

Sin embargo, conforme comenzó a conocerse más sobre el fondo del problema, quedó claro que el conflicto parece ser bastante más complejo.

Mucho más que una disputa agrícola

Aunque públicamente se habla de “ejidatarios”, el conflicto no parece centrarse únicamente en la defensa de parcelas de cultivo. De hecho, comprender eso resulta clave para entender lo que realmente está ocurriendo.

La palabra ejidatario suele asociarse automáticamente con campesinos dedicados a trabajar la tierra, pero jurídicamente no son exactamente lo mismo. El ejidatario es quien posee derechos agrarios sobre tierras de un ejido; el campesino es quien vive principalmente de la actividad agrícola. Durante buena parte del siglo XX ambas figuras coincidían casi automáticamente, pero en muchas regiones metropolitanas del país esa relación cambió hace décadas.

Tonanitla forma parte precisamente de una zona que se transformó aceleradamente con la expansión urbana del Valle de México y, más recientemente, con la construcción del AIFA. Lo que antes era territorio predominantemente rural comenzó a adquirir un enorme valor logístico, industrial, habitacional y comercial.

Por eso el conflicto actual parece ir mucho más allá de la agricultura.

¿Qué reclaman realmente los inconformes?

Hasta ahora, la información disponible no muestra que las 850 hectáreas hayan sido expropiadas de manera directa o arrebatadas físicamente a sus propietarios mediante un acto único perfectamente identificable.

Lo que los inconformes sostienen, más bien, es que existe un conflicto de límites territoriales entre Tonanitla y Tecámac, y que parte del territorio históricamente asociado a Tonanitla estaría siendo reconocido administrativamente como perteneciente a Tecámac.

Y ahí es donde el problema adquiere otra dimensión.

La disputa no es “quién posee la tierra”, sino qué municipio tiene jurisdicción sobre ella. Aunque a simple vista esto pueda parecer un asunto técnico o burocrático, en realidad implica enormes consecuencias económicas y políticas.

Definir a qué municipio pertenece una zona significa decidir quién cobra impuestos, quién autoriza desarrollos inmobiliarios, quién administra servicios, quién recibe inversión pública y quién capitaliza el crecimiento económico derivado del aeropuerto.

Antes del AIFA, esos límites podían parecer secundarios. Después del aeropuerto, cada hectárea comenzó a representar dinero, crecimiento urbano y poder político.

El valor de la tierra cambió con el aeropuerto

Uno de los elementos más importantes del conflicto es precisamente el cambio de valor del territorio. Durante décadas, muchas zonas ejidales del norte del Valle de México tenían principalmente vocación rural. Pero la llegada del AIFA alteró completamente la dinámica regional.

De pronto, tierras que antes podían utilizarse para actividades agrícolas comenzaron a convertirse en espacios atractivos para corredores logísticos, parques industriales, centros comerciales, vivienda y desarrollos urbanos.

Eso explica por qué un conflicto que durante años pudo permanecer relativamente invisible hoy escaló hasta bloquear accesos aeroportuarios.

El problema ya no se limita al campo. Ahora también involucra expectativas económicas futuras, control territorial y participación en el nuevo mapa de desarrollo que comenzó a formarse alrededor del aeropuerto.

El ejido mexicano también cambió

El caso de Tonanitla además revive una discusión histórica sobre el sentido actual del ejido en México.

El ejido nació tras la Revolución Mexicana como una forma de propiedad social destinada a proteger comunidades rurales y evitar nuevamente la concentración extrema de la tierra. Su lógica original estaba profundamente vinculada a la producción agrícola y a la función social del territorio.

Sin embargo, las reformas constitucionales de 1992, con Carlos Salinas de Gortari, transformaron buena parte del modelo agrario mexicano y permitieron que los ejidos perdieran la figura de justicia social y entraran gradualmente en dinámicas de mercado.

Con el paso del tiempo, numerosos ejidos dejaron de ser exclusivamente espacios de producción agrícola y se convirtieron también en reservas territoriales urbanizables.

Tonanitla parece reflejar justamente esa transición histórica: un territorio nacido bajo lógica campesina que hoy se encuentra inmerso en una dinámica metropolitana, aeroportuaria e inmobiliaria.

Un conflicto que apenas comienza a entenderse

Aunque los bloqueos afectaron directamente a pasajeros y operaciones viales, el conflicto parece revelar algo mucho más profundo que una protesta momentánea.

El crecimiento alrededor del AIFA transformó el valor político y económico de la región. Y cuando eso ocurre en territorios históricamente rurales, aparecen tensiones que mezclan identidad comunitaria, poder municipal, desarrollo urbano y disputa por beneficios económicos futuros.

Por ahora, el caso de Tonanitla no parece un despojo agrario tradicional sino una disputa contemporánea por control territorial dentro de una zona metropolitana en expansión.

Y precisamente por eso el conflicto podría convertirse en uno de los primeros grandes debates territoriales derivados del nuevo orden económico y urbano que comenzó a surgir alrededor del AIFA.

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