Médicos cubanos sostienen atención médica en zonas de riesgo de Sinaloa

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Consulta médica en una unidad de salud rural de Sinaloa, donde un médico cubano atiende a una mujer y una menor de edad en una comunidad apartada.
Un médico cubano atiende a una familia en una comunidad de Sinaloa, entidad donde especialistas extranjeros colaboran en zonas con dificultades de acceso y problemas de seguridad.

Más de 80 médicos cubanos trabajan actualmente en regiones serranas de Sinaloa donde la inseguridad, el aislamiento y la falta de personal médico han dificultado durante años el acceso a servicios de salud. Autoridades de IMSS-Bienestar reconocen que muchas de estas zonas son lugares “donde nadie quiere ir”.

En regiones de la sierra de Sinaloa donde la violencia, la lejanía y la falta de personal médico han complicado históricamente el acceso a la salud, más de 80 médicos cubanos permanecen brindando atención a comunidades donde, según autoridades de salud, “nadie quiere ir”.

De acuerdo con información difundida por autoridades de IMSS-Bienestar en la entidad, estos profesionales de la salud llevan alrededor de dos años trabajando en municipios considerados de alta complejidad por las condiciones de inseguridad y aislamiento geográfico, particularmente en zonas serranas como Badiraguato, San Ignacio, Choix y otras comunidades alejadas del estado.

El coordinador regional de IMSS-Bienestar, Julio César Quintero, explicó que la mayoría de los médicos cubanos son especialistas en medicina familiar y se encuentran asignados a centros de salud de primer nivel, aunque también hay especialistas como internistas, traumatólogos y nefrólogos que apoyan en hospitales regionales.

La presencia de estos médicos ocurre en un contexto donde muchas comunidades enfrentan dificultades históricas para atraer personal sanitario mexicano, debido tanto a la distancia como al riesgo asociado con la violencia que afecta algunas regiones del estado.

Según el funcionario, en momentos donde los conflictos de seguridad se intensifican, algunas unidades médicas han tenido que cerrar temporalmente, obligando a trasladar al personal hacia otros hospitales o centros de atención. Durante una reciente visita periodística a la región, entre 10 y 15 médicos cubanos habrían abandonado temporalmente sus centros de salud debido a cierres preventivos.

Sin embargo, las autoridades aseguran que, una vez que las condiciones mejoran y los centros reabren, los médicos regresan a sus comunidades asignadas.

Quintero reconoció que los médicos son conscientes de los riesgos y que inicialmente muchos sienten temor por las condiciones de trabajo. No obstante, afirmó que con el paso del tiempo han desarrollado una relación cercana con la población.

“La población los adopta”, señaló el funcionario al describir la relación que se ha generado entre los médicos y las comunidades serranas, donde el acceso a servicios médicos suele ser limitado.

Además de la inseguridad, las autoridades sanitarias enfrentan otro problema estructural: la falta de cobertura médica en hospitales ya construidos. Uno de los casos mencionados es el de El Carrizo, en el municipio de Ahome, donde existe un hospital edificado desde 2020 que aún no ha podido operar plenamente debido a la ausencia de personal suficiente para áreas como cirugía general.

La situación también se replica en Villa Juárez, municipio de Navolato, una comunidad de aproximadamente 45 mil habitantes, integrada en gran parte por población migrante dedicada al trabajo agrícola. En esa región, las autoridades reconocen problemas relacionados con adicciones y consumo nocivo de alcohol y drogas, mientras crece la demanda de servicios médicos más amplios.

Ante ello, se proyecta la construcción de un hospital integral con 12 camas y especialidades básicas como medicina interna, ginecología, pediatría y cirugía general. El proyecto, según reportes oficiales, ya habría sido planteado a la presidenta Claudia Sheinbaum.

El caso de los médicos cubanos en Sinaloa vuelve a colocar sobre la mesa el debate nacional sobre la falta de personal médico en regiones apartadas del país, las condiciones laborales en zonas de riesgo y la dependencia del sistema de salud mexicano de convenios internacionales para cubrir vacantes en lugares donde el Estado mexicano no ha logrado garantizar cobertura permanente.

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