
El Bordo Benito Juárez, ubicado dentro del Parque Querétaro 2000, dejó de ser el espacio recreativo y ambiental que alguna vez existió para convertirse en uno de los focos de preocupación ecológica más visibles de la capital queretana.
Lo que durante años fue considerado un refugio natural dentro de la ciudad para 59 especies de fauna y 19 de flora, hoy enfrenta un deterioro ambiental que las propias autoridades han terminado por reconocer públicamente.
La Comisión Estatal de Aguas (CEA) informó recientemente el inicio del desfogue parcial del bordo como parte de las acciones de saneamiento y limpieza. Según la dependencia, el procedimiento busca reducir el nivel de almacenamiento del embalse, mejorar la calidad del agua mediante recirculación y continuar con las labores para recuperar el ecosistema.

La decisión llega después de meses de denuncias ciudadanas por la proliferación de lirio acuático, malos olores y una intensa presencia de mosquitos en las colonias cercanas al parque. Vecinos de la zona aseguran que el problema no apareció de manera repentina, sino que se fue agravando durante años sin que existiera una solución de fondo.
Las cifras dadas a conocer por autoridades estatales muestran la dimensión del deterioro. El secretario de Desarrollo Sustentable, Marco Del Prete Tercero, informó que fueron retiradas más de tres mil toneladas de lirio acuático y otras dos mil 500 toneladas de material húmedo residual acumulado alrededor del cuerpo de agua. También se realizaron fumigaciones, aplicación de herbicidas y trabajos de desazolve.

Sin embargo, el aspecto más delicado del caso no es solamente la acumululación de lirio o la presencia de insectos, sino el reconocimiento oficial de que el bordo recibió descargas ilegales de aguas residuales.
Durante una reunión entre funcionarios estatales y habitantes de colonias aledañas, representantes de la Comisión Estatal de Aguas admitieron públicamente que el cuerpo de agua sí recibió descargas de drenaje. “Sí tuvo descarga de agua residual y la ha tenido”, reconoció el director divisional de Saneamiento de la CEA, Luis Alberto Martínez Flores.
El reconocimiento provocó molestia entre vecinos que durante años denunciaron contaminación y aseguraron no haber sido escuchados. Algunas personas incluso exigieron sanciones y responsabilidades administrativas o penales contra quienes permitieron el deterioro ambiental de un espacio protegido.

El Bordo Benito Juárez no es un cuerpo de agua cualquiera. Desde 2009 cuenta con declaratoria de Área Natural Protegida bajo la categoría de Parque Intraurbano. El propio documento de protección establecía la prohibición de verter contaminantes y ordenaba campañas permanentes de saneamiento.
A pesar de ello, habitantes y ambientalistas sostienen que durante años existieron omisiones institucionales mientras crecían los desarrollos urbanos en la zona norte de la ciudad.
La contaminación del bordo también abrió nuevamente el debate sobre el crecimiento urbano de Querétaro y la capacidad de infraestructura hidráulica y sanitaria de la ciudad. Vecinos y especialistas han señalado que el problema podría estar relacionado con descargas irregulares provenientes de fraccionamientos y sistemas insuficientes de tratamiento de aguas residuales.
La ambientalista y bióloga América Vizcaíno Sahagún señaló que las autoridades federales, particularmente la Comisión Nacional del Agua y Profepa, deberían intervenir para identificar y clausurar descargas clandestinas.
Mientras tanto, autoridades estatales aseguran que comienzan a observarse señales de recuperación ambiental. Según la Secretaría de Desarrollo Sustentable, ya se ha registrado el regreso de algunas especies de fauna, como patos y tortugas, además de una mejora en la claridad del agua.

No obstante, el caso dejó una discusión pública mucho más amplia: cómo una zona ambientalmente protegida terminó deteriorándose al interior de una de las ciudades con mayor crecimiento urbano del país.
La problemática también expuso tensiones políticas. Vecinos cuestionaron la ausencia de autoridades municipales en reuniones públicas y reclamaron años de abandono institucional, particularmente en materia de drenaje, saneamiento y supervisión ambiental.
Más allá de las diferencias políticas, el caso del Bordo Benito Juárez terminó convirtiéndose en una advertencia sobre los límites del crecimiento urbano cuando la infraestructura ambiental y sanitaria no evoluciona al mismo ritmo que la expansión de la ciudad.
Hoy el desfogue, la limpieza y el retiro del lirio representan apenas una etapa inicial. El verdadero desafío será impedir que el problema vuelva a repetirse.










