
Miles de personas participaron en la décima Marcha del Orgullo LGBT+ en la capital queretana. La jornada combinó celebración, activismo, servicios de salud y demandas por nuevos derechos, aunque concluyó con actos vandálicos aislados que serán investigados por las autoridades.
La ciudad de Querétaro vivió este fin de semana una de las expresiones sociales más numerosas y visibles de los últimos años. Miles de personas participaron en la décima edición de la Marcha del Orgullo y Dignidad LGBT+, una movilización que reunió celebración, activismo, exigencia de derechos y también algunos episodios de vandalismo que terminaron por generar debate una vez concluida la jornada.
La marcha conmemoró una década de presencia continua en las calles queretanas bajo el lema “Una década de lucha por la igualdad, una década de orgullo y dignidad”. Lo que comenzó hace diez años como una manifestación impulsada por organizaciones y activistas locales se ha convertido en un evento capaz de convocar a miles de personas y de ocupar un lugar cada vez más visible dentro de la vida pública de la entidad.
Desde el mediodía, el Jardín Guerrero fue sede de actividades culturales, espacios de información y servicios de salud. Además de la denominada Mercadita LGBT+, se ofrecieron pruebas rápidas de VIH, sífilis y hepatitis C, así como actividades de orientación y prevención. Con ello, la jornada buscó combinar la celebración de la diversidad con acciones de información y cuidado comunitario.
Horas más tarde, la movilización recorrió las calles del Centro Histórico con acompañamiento de autoridades estatales y municipales. De acuerdo con información oficial, más de cien elementos participaron en labores de movilidad y resguardo para garantizar que el recorrido se desarrollara en orden y respetando el derecho a la libre expresión.
La asistencia superó las ocho mil personas, según reportes difundidos al término del evento. Durante el mitin realizado en Plaza Fundadores, representantes de organizaciones de la diversidad sexual hicieron un balance de los avances alcanzados durante la última década y señalaron los pendientes que aún consideran necesarios para garantizar la igualdad jurídica y social de las personas LGBT+.
Entre los logros mencionados destacaron la aprobación del matrimonio igualitario en Querétaro en 2021 y la prohibición de las llamadas terapias de conversión en 2023. Actualmente, uno de los principales temas impulsados por diversas organizaciones es la aprobación de una Ley de Identidad de Género en el estado.
Más allá de las demandas específicas, la marcha también dejó una imagen que hace algunos años habría parecido difícil de imaginar: miles de personas recorriendo pacíficamente el Centro Histórico de una ciudad tradicionalmente identificada con valores conservadores. Esa sola escena habla de una sociedad que, independientemente de las posiciones personales que existan sobre estos temas, ha experimentado cambios importantes en su manera de convivir con la diversidad.
Sin embargo, la jornada no concluyó sin controversias. Al finalizar la movilización, un grupo separado de los contingentes principales realizó pintas y causó daños a algunos cristales del Palacio de Gobierno estatal. Las autoridades informaron que los hechos serán investigados.
Conviene distinguir entre una movilización social y las acciones de quienes deciden realizar actos vandálicos. La legitimidad de una manifestación no depende de los daños materiales, y tampoco los daños materiales pueden utilizarse para descalificar automáticamente a miles de participantes que acudieron de manera pacífica. Del mismo modo, el respaldo a una causa no obliga a justificar conductas que afectan bienes públicos.
La experiencia de este décimo aniversario deja una conclusión evidente: la marcha LGBT+ ya forma parte de la realidad social queretana. Puede generar adhesiones, críticas o debates, pero difícilmente puede considerarse un fenómeno marginal.
Diez años después de su primera edición, la movilización refleja una sociedad más plural, más visible en sus diferencias y todavía inmersa en la discusión sobre cómo construir espacios de convivencia donde los derechos, la libertad de expresión y el respeto mutuo puedan avanzar sin confrontarse entre sí.
La historia de esta marcha, en realidad, también es parte de la historia reciente de Querétaro: una ciudad que cambia, debate y redefine continuamente la manera en que entiende la diversidad y la participación ciudadana.










