
Terminó la fase de grupos y el Mundial 2026 cambió de rostro. Si durante las primeras semanas todavía había margen para corregir errores, ahora cada partido se juega con una sola certeza: quien pierde, se va a casa.
La primera jornada de las eliminatorias dejó claro que esta etapa del torneo no entiende de favoritismos. Lo que parecía una ronda de confirmación para las grandes potencias terminó convirtiéndose en una exhibición de dramatismo, resistencia y emociones que recuerdan por qué la Copa del Mundo sigue siendo el torneo más apasionante del futbol.
Canadá abrió el camino con una sufrida victoria por la mínima sobre Sudáfrica. Después vino Brasil, que necesitó remontar y encontrar un gol casi al límite para vencer a un disciplinado Japón que estuvo muy cerca de llevar el encuentro al tiempo extra.
Sin embargo, las dos historias que marcaron la jornada llegaron más tarde.
Paraguay protagonizó la primera gran sorpresa del Mundial al eliminar a Alemania en una dramática tanda de penales. La selección sudamericana resistió durante 120 minutos frente a una de las potencias históricas del futbol mundial y terminó imponiéndose desde los once pasos. La victoria no solo representa un enorme logro deportivo, sino también una demostración de que la disciplina táctica, el carácter y la convicción pueden equilibrar diferencias que, sobre el papel, parecen insalvables.
Horas después, Marruecos confirmó que su crecimiento ya no puede calificarse como una sorpresa pasajera. También necesitó los penales para dejar fuera a unos Países Bajos que llegaban como favoritos. El conjunto africano volvió a mostrar orden defensivo, paciencia y una enorme fortaleza emocional para imponerse cuando la presión alcanzó su punto máximo.
No deja de llamar la atención que, en apenas cuatro partidos de eliminación directa disputados hasta ahora, dos se hayan definido en penales y otro se resolviera con un gol en los minutos finales. Es una muestra de lo estrecha que se ha vuelto la diferencia entre las selecciones que alcanzan estas instancias.
También habla de la evolución del futbol internacional. Hoy existen más equipos capaces de competir durante noventa o incluso ciento veinte minutos frente a los gigantes tradicionales. Las distancias físicas, tácticas y técnicas continúan reduciéndose, mientras que la fortaleza mental adquiere un peso cada vez mayor.
Las eliminatorias apenas comienzan y ya han dejado una enseñanza: en un Mundial nadie avanza únicamente por su historia. Cada partido exige volver a demostrarlo todo.
Con encuentros todavía por disputarse —entre ellos México frente a Ecuador, además de Francia contra Suecia—, el torneo promete seguir ofreciendo noches donde la emoción pesa tanto como la calidad futbolística. Porque en esta fase ya no basta con jugar bien; hay que saber sobrevivir.










