
Mientras las primeras medallas comienzan a repartirse en Santo Domingo 2026, millones de personas seguirán durante los próximos días el desempeño de sus delegaciones nacionales. Sin embargo, detrás de cada resultado existe una historia que pocas veces se cuenta: los Juegos Centroamericanos y del Caribe no son simplemente otra competencia deportiva, sino la justa multideportiva regional más antigua del mundo.
La edición de este año tiene además un significado especial. Se cumplen cien años desde que México impulsó la creación de una competencia que permitiera elevar el nivel deportivo de la región. Aquella iniciativa dio origen a la primera edición, celebrada en la Ciudad de México en 1926, mucho antes de que existieran los Juegos Asiáticos o los Juegos de la Commonwealth.
Pocas personas lo saben, pero la competencia deportiva regional más antigua del mundo no nació en Europa ni en Asia. Nació en América Latina. En 1926, la Ciudad de México fue sede de los primeros Juegos Centroamericanos y del Caribe, una competencia que precede por décadas a los Juegos Panamericanos, a los Juegos Asiáticos y a los Juegos de la Commonwealth. Cien años después, Santo Domingo recibe una nueva edición de una tradición deportiva que sigue escribiendo historia.
Una competencia con identidad propia
A diferencia de los Juegos Olímpicos, donde participan prácticamente todos los países del mundo, los Juegos Centroamericanos y del Caribe reúnen a las naciones de Centroamérica y la cuenca del Caribe.
En Santo Domingo 2026 participan 37 países y territorios, con más de 6,000 atletas, que competirán en 40 deportes y 56 disciplinas hasta el 8 de agosto.
Entre los participantes se encuentran México, Cuba, Colombia, Venezuela, República Dominicana, Jamaica, Puerto Rico, Costa Rica, Guatemala, Panamá, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Belice y numerosas naciones y territorios insulares del Caribe.
Una característica particular de esta competencia es que también participan territorios con representación deportiva propia, como Puerto Rico, Aruba, Curazao, Guadalupe o Martinica, lo que refleja la diversidad política y cultural de la región.
Los Juegos reúnen a los países y territorios de la cuenca del Caribe, una región que comprende no solo a las naciones insulares, sino también a los países continentales con litoral caribeño, como México, Colombia y Venezuela, además de las naciones del istmo centroamericano.
¿Qué tan importante es esta competencia?
Algunas personas piensan que los Juegos Centroamericanos y del Caribe son un torneo menor. En realidad, ocupan un lugar muy importante dentro del deporte continental.
Para muchos atletas representan el primer gran evento internacional de su carrera. Después vendrán los Juegos Panamericanos, los campeonatos mundiales y, para quienes logren clasificarse, los Juegos Olímpicos.
En otras palabras, constituyen el primer gran escalón del ciclo olímpico para buena parte del continente. Pero eso no significa que el nivel deportivo sea bajo. Por el contrario, muchas disciplinas reúnen a deportistas que también compiten por medallas mundiales y olímpicas. El boxeo cubano, la velocidad jamaicana, los clavados mexicanos o varias pruebas de lucha, judo y levantamiento de pesas suelen ofrecer competencias de altísimo nivel.
México y Cuba: una rivalidad histórica
Si existe una rivalidad que ha marcado la historia de estos Juegos, es la protagonizada por México y Cuba.
México fue la principal potencia durante las primeras décadas de la competencia. Posteriormente, Cuba desarrolló uno de los sistemas deportivos más sólidos del continente y asumió el liderazgo histórico del medallero por número de preseas de oro.
Lo notable es que el deporte cubano ha logrado mantenerse entre los mejores de América Latina durante décadas, aun enfrentando profundas limitaciones económicas. Al mismo tiempo, México ha conservado una extraordinaria regularidad, participando en todas las ediciones desde 1926 y acumulando el mayor número de medallas totales en la historia de los Juegos.
En las últimas décadas, además, Colombia, Venezuela, República Dominicana, Puerto Rico y Jamaica se han consolidado como potencias regionales, haciendo que la competencia sea cada vez más equilibrada.
¿México viene a ganar o a prepararse?
La respuesta es ambas. Para la delegación mexicana, los Juegos Centroamericanos y del Caribe tienen un enorme valor deportivo y simbólico. Encabezar el medallero sigue siendo un objetivo importante.
Sin embargo, también forman parte de un proceso de preparación hacia competencias de mayor alcance. Algunos atletas llegan ya consolidados; otros aprovechan esta experiencia para adquirir fogueo internacional antes de enfrentar los Juegos Panamericanos o los Olímpicos.
No es una competencia de exhibición ni un simple entrenamiento. Es un escenario donde se disputan títulos regionales y, al mismo tiempo, se forman los campeones del futuro.
Mucho más que una colección de resultados
Durante las próximas dos semanas veremos titulares sobre medallas, récords y clasificaciones, pero quizá el mayor valor de estos Juegos no esté únicamente en quién gana una final.
Desde hace un siglo, esta competencia ha permitido que países con historias, culturas y realidades económicas muy distintas compartan un mismo espacio deportivo. Cuba, a pesar de sufrir una de la agresiones más inhumanas por Estados Unidos que los ha sometido a un prolongado bloqueo, ha sido uno de los países más consistentes en participar y ocupar los primeros jugares de la justa deportiva.
Además los Juegos Centroamericanos y del Caribe han sido el escenario donde nacieron numerosas figuras que después conquistarían campeonatos mundiales y medallas olímpicas.
Por eso, seguir los Juegos Centroamericanos y del Caribe no consiste solamente en contar preseas. También es asomarse a una de las tradiciones deportivas más antiguas del mundo y comprender cómo, a través del deporte, una región tan diversa ha encontrado durante cien años un lenguaje común de competencia, esfuerzo y convivencia.










