Su casa está llena de ondas que usted no puede ver

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Familia en una sala rodeada por una representación gráfica de las ondas inalámbricas emitidas y recibidas por teléfonos, router, televisión y otros dispositivos electrónicos.
Aunque nuestros sentidos no puedan detectarlas, distintas ondas electromagnéticas permiten que numerosos dispositivos se comuniquen simultáneamente dentro de nuestros hogares.

Aunque no podamos percibirlas, señales de Wi-Fi, telefonía celular, radio, televisión, Bluetooth y satélites forman parte del ambiente cotidiano de nuestros hogares.

En este momento, mientras usted lee estas líneas, probablemente hay numerosas señales atravesando la habitación donde se encuentra. La señal de su teléfono celular, el Wi-Fi de su casa y quizá también el de algunos vecinos, señales de radio y televisión, bluetooth, comunicaciones provenientes de antenas cercanas y, dependiendo del lugar y del dispositivo, señales procedentes de satélites.

No las vemos, no las escuchamos y normalmente ni siquiera pensamos en ellas. Pero están ahí. Si nuestros ojos pudieran detectarlas, el espacio aparentemente vacío que nos rodea resultaría mucho más interesante de lo que parece.

Un mundo que nuestros ojos no pueden ver

Nuestros ojos solamente pueden percibir una pequeña parte de algo mucho más grande que es el espectro electromagnético. La luz que vemos forma parte de él, pero también las ondas de radio, las microondas, la radiación infrarroja, la ultravioleta, los rayos X y los rayos gamma.

Todas son manifestaciones de radiación electromagnética. Lo que cambia principalmente entre unas y otras es su frecuencia y su longitud de onda, y esas diferencias determinan cómo interactúan con la materia.

Nuestros ojos evolucionaron para detectar únicamente una pequeña franja de ese enorme espectro. Por eso una habitación puede parecernos completamente oscura y, sin embargo, seguir atravesada por señales electromagnéticas.

El teléfono que sabe escuchar

Cuando utilizamos un teléfono celular estamos aprovechando precisamente este fenómeno. El aparato posee antenas diseñadas para transmitir y recibir determinadas frecuencias. Nosotros no podemos percibirlas directamente, pero el teléfono sí puede detectarlas, extraer la información codificada en ellas y convertirla en algo que entendemos: una voz, un mensaje, una fotografía o una página de internet.

Algo semejante ocurre con el Wi-Fi. El router genera señales de radio que transportan información. Una computadora, un televisor o un teléfono compatible puede recibirlas y responder. Por eso podemos estar sentados en una habitación viendo una película que está llegando hasta nosotros sin ningún cable entre el router y la pantalla.

Lo sorprendente no es solamente que haya ondas a nuestro alrededor, sino la enorme cantidad de información que podemos transportar mediante ellas.

¿Y por qué no interfieren todas entre sí?

Aquí aparece otra maravilla de la tecnología. En un mismo espacio pueden coexistir una estación de radio, varias redes Wi-Fi, conexiones Bluetooth y comunicaciones celulares porque utilizan diferentes frecuencias, canales y sistemas de codificación.

Un receptor está diseñado para identificar aquello que necesita entre muchas otras señales.

Podríamos imaginarlo, con algunas limitaciones, como encontrarnos en un enorme edificio donde se desarrollan simultáneamente cientos de conversaciones. Si sabemos exactamente en qué habitación y en qué idioma debemos escuchar, podemos encontrar la conversación que buscamos.

La ingeniería de telecomunicaciones ha conseguido hacer algo parecido con las ondas electromagnéticas.

¿Atravesar paredes significa que son peligrosas?

La palabra radiación suele producir inquietud porque frecuentemente la asociamos con materiales radiactivos, accidentes nucleares o rayos X. Pero radiación electromagnética es un concepto mucho más amplio. Incluso la propia luz visible es radiación electromagnética. 

Para comprender sus posibles efectos importa especialmente la frecuencia y la energía asociada. Las ondas utilizadas en radio, televisión, telefonía móvil, Bluetooth y Wi-Fi pertenecen a la llamada radiación no ionizante, es decir, sus fotones no poseen energía suficiente para arrancar electrones de átomos o moléculas, a diferencia de radiaciones ionizantes como los rayos X y los rayos gamma.

Eso no significa que cualquier intensidad de cualquier radiación sea irrelevante. Significa que no debemos colocar automáticamente todas las formas de radiación en la misma categoría.

Una habitación mucho menos vacía de lo que parece

Mire ahora alrededor. Quizá vea una mesa, algunas paredes, una televisión, su teléfono y aparentemente nada más ocupando el espacio entre ellos.

Pero en ese espacio están propagándose ondas electromagnéticas. Algunas transportan conversaciones. Otras llevan fotografías, música o películas. Algunas permiten que un teléfono determine su ubicación mediante señales recibidas desde satélites. Muchas simplemente atraviesan el lugar sin que ningún aparato cercano esté interesado en recibirlas.

Vivimos dentro de un ambiente electromagnético que nuestros sentidos apenas pueden percibir. Quizá eso sea lo más interesante: una parte considerable del mundo tecnológico moderno funciona precisamente en una realidad física que está permanentemente frente a nosotros, aunque nuestros ojos sean incapaces de verla.

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