Inicio Nacional Morena define su ruta hacia 2027 entre diferencias y acuerdos

Morena define su ruta hacia 2027 entre diferencias y acuerdos

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Ariadna Montiel y coordinadores estatales de Morena posan frente a una manta con el lema “Unidad por la transformación”.
Ariadna Montiel, presidenta nacional de Morena, con coordinadores estatales durante una reunión de organización y formación política previa al Consejo Nacional del 10 de octubre.

El Consejo Nacional de Morena se reúne este sábado 10 de octubre para revisar el avance de sus coordinaciones electorales y discutir la política de alianzas con la que participará en los comicios de 2027. La sesión llega después de designaciones que suscitaron inconformidades entre aspirantes y diferencias con partidos aliados. Hay debates pendientes, pero los hechos conocidos no permiten presentar a Morena como un partido próximo a dividirse como algunos medios han comentado.

La agenda contempla un informe sobre las coordinaciones estatales, distritales y municipales de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, así como la discusión y eventual aprobación del marco para sus alianzas. Es una reunión de organización electoral cuya relevancia está en establecer cómo se construirán los acuerdos y cómo se procesarán los desacuerdos. 

Discutir también forma parte de la unidad

Las diferencias por candidaturas son previsibles en un partido amplio 6 democrático, donde conviven trayectorias, liderazgos territoriales y criterios distintos. Reconocerlas no obliga a minimizar su importancia: una selección cuestionada puede dificultar el trabajo electoral y exige respuestas de la dirigencia. Sin embargo, el desacuerdo no constituye por sí mismo una ruptura.

El caso de Nuevo León lo muestra. Tatiana Clouthier ha rechazado la designación de Clara Luz Flores y promueve una organización para intentar modificarla. Es una disidencia abierta, con consecuencias políticas posibles. Pero su planteamiento sigue siendo que la Cuarta Transformación llegue al gobierno del estado. Cuestionar a quien encabezaría una candidatura no equivale automáticamente a abandonar el proyecto que esa candidatura pretende representar. 

Tampoco puede suponerse que toda inconformidad nace únicamente de haber perdido una encuesta. Los argumentos sobre procedimientos, competitividad y congruencia con los principios del movimiento merecen examinarse y discutirse en el marco del congreso. Quienes cuestionan tienen que sustentar sus señalamientos; quienes dirigen deben explicar sus decisiones. Eso es lo que se espera para el día de hoy.

La unidad democrática se construye mediante acuerdos que permiten actuar juntos pese a las diferencias. Si se midiera únicamente por la ausencia de críticas públicas, se terminaría confundiendo cohesión con obediencia. Un partido puede discutir intensamente y conservar su capacidad de organización común.

Para hablar de fractura haría falta mostrar una separación efectiva: sectores organizados que construyen proyectos enfrentados, estructuras que trabajan para candidaturas rivales o grupos que abandonan de manera sostenida los acuerdos colectivos. Las inconformidades descritas hasta ahora no demuestran una división nacional de ese alcance.

Partido, alianza y movimiento

Otro plano es la relación con el Partido del Trabajo y el Partido Verde. Las diferencias sobre postulaciones pueden complicar las negociaciones e incluso llevar a que los aliados compitan por separado en alguna entidad. Eso representaría un problema electoral concreto, pero no demostraría una fractura dentro de Morena. 

Según el proyecto de acuerdo conocido antes de la sesión, se propone permitir alianzas distintas en cada estado, sin que un convenio local condicione los demás. Esa flexibilidad ofrecería una vía para atender situaciones territoriales diferentes sin hacer depender toda la cooperación nacional de una sola negociación. 

Además, la Cuarta Transformación no se agota en la alianza Morena-PT-PVEM. Es un movimiento político articulado alrededor de principios impulsados desde Andrés Manuel López Obrador, entre ellos la prioridad de los pobres, y cuya continuidad encabeza hoy Claudia Sheinbaum. Un convenio electoral organiza la participación de partidos; no contiene por sí solo toda la identidad del movimiento.

Por ello, disentir de una dirigencia partidaria o rechazar una candidatura tampoco equivale necesariamente a confrontar a la presidenta. Cada diferencia debe valorarse por su contenido y por las acciones que produzca.

El Consejo tiene una oportunidad para mostrar que la pluralidad interna puede traducirse en acuerdos. Su tarea incluye escuchar, explicar y vincular la preparación electoral con los objetivos sociales de la transformación. Las diferencias actuales merecen atención, pero no acreditan que Morena esté cerca de romperse. Lo que pondrá a prueba su unidad será la manera de resolverlas

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