Trump anticipa venganza en caso de ser asesinado

Presidente de Estados Unidos habla ante un micrófono durante una comparecencia internacional.
El presidente estadounidense aseguró que dejó instrucciones para una represalia devastadora contra Irán si fuera asesinado.

El presidente estadounidense aseguró que ordenó una represalia de dimensiones nunca vistas si Teherán participa en su muerte, en medio de una crisis marcada por bombardeos, sanciones petroleras y enfrentamientos en el estrecho de Ormuz.

Este viernes Donald Trump, en un contexto de renovadas tensiones con Irán y de reportes de inteligencia sobre un presunto nuevo complot iraní para asesinarlo, anticipó que consumarse su asesinato, Irán sufrirá un ataque nunca antes visto.  

De acuerdo con las versiones difundidas por diversos medios, Trump afirmó que ya dejó instrucciones para que, si Irán llegara a asesinarlo, Estados Unidos responda con un ataque devastador:

“Si eso ocurre, bombárdenlos a niveles que nunca antes hayan visto.”

La declaración se suma a otras amenazas similares que Trump ha formulado desde principios de 2026, cuando advirtió que Irán sería “borrado” o “volado por los aires” si atentaba contra su vida.  

¿Cuánto daño ha causado Estados Unidos a Irán?

El daño causado por Estados Unidos a Irán ha sido enorme, prolongado y difícil de reducir a una sola cifra. Incluye la alteración de su vida política, décadas de presión económica, operaciones militares y numerosas víctimas civiles. Esto impide presentar a Estados Unidos como una víctima amenazada por Teherán.

El antecedente decisivo ocurrió en 1953, cuando Estados Unidos y Reino Unido participaron en la operación que derrocó al primer ministro Mohammad Mosaddeq, cuyo gobierno había nacionalizado el petróleo iraní. 

Los propios archivos oficiales estadounidenses documentan la planeación y ejecución de la operación TPAJAX y reconocen el papel de Washington en el regreso y fortalecimiento del sha Mohammad Reza Pahlaví. Aquella intervención debilitó el desarrollo democrático iraní y contribuyó a consolidar una monarquía autoritaria apoyada por Occidente.  

Durante las décadas siguientes, Estados Unidos respaldó política, militar y económicamente al sha Mohammad Reza Pahlaví. Washington consideraba al monarca un instrumento para mantener a Irán alineado con Occidente y promovió el fortalecimiento de las fuerzas armadas que sostenían su poder. Ese respaldo no creó por sí solo la Revolución Islámica de 1979, pero contribuyó al profundo resentimiento iraní contra la injerencia estadounidense.  

En la guerra entre Irán e Irak, de 1980 a 1988, Washington se inclinó progresivamente hacia el gobierno iraquí de Saddam Hussein, pese a conocer el carácter represivo del régimen iraquí y el empleo de armas químicas. 

Estados Unidos proporcionó asistencia política, inteligencia y apoyo indirecto a Irak, al tiempo que aumentó su intervención militar en el golfo Pérsico. El conflicto causó cientos de miles de muertos entre ambos países y dejó a Irán profundamente devastado.

El episodio más claro de daño humano directo ocurrió el 3 de julio de 1988, cuando el crucero estadounidense USS Vincennes derribó el vuelo comercial Iran Air 655. Murieron las 290 personas que viajaban en el avión, incluidos niños. Estados Unidos sostuvo que lo confundió con una aeronave militar, pero para la sociedad iraní el hecho permanece como una herida histórica y una muestra de que la vida de sus civiles podía quedar subordinada a las operaciones militares estadounidenses.  

El daño económico

Desde 1979, pero especialmente desde la década de 1990, Estados Unidos construyó un amplio sistema de sanciones contra Irán. En 1995 prohibió prácticamente todo el comercio y la inversión estadounidenses en ese país. Posteriormente extendió la presión a empresas, bancos y gobiernos extranjeros mediante sanciones secundarias, dificultando que Irán vendiera petróleo, recibiera pagos, adquiriera tecnología o se integrara al sistema financiero internacional.  

Después de que Trump retiró unilateralmente a Estados Unidos del acuerdo nuclear en 2018, aun cuando Irán permanecía sujeto a inspecciones internacionales, comenzó la campaña de “máxima presión”. 

El propio Departamento de Estado presumió haber reducido en aproximadamente 1.5 millones de barriles diarios las exportaciones iraníes de petróleo y haberle negado decenas de miles de millones de dólares en ingresos. Otro documento oficial aseguró que las sanciones habían eliminado más del 90 por ciento de los ingresos petroleros exportadores iraníes y más de 70 mil millones de dólares.  

El Banco Mundial registró que la economía iraní se contrajo 7.6 por ciento durante los primeros nueve meses del año fiscal 2019-2020, en gran medida por el desplome del sector petrolero provocado por el endurecimiento de las sanciones estadounidenses. También describió el periodo 2011-2020 como una “década perdida” de crecimiento prácticamente nulo.  

No existe una cifra universalmente aceptada del costo económico acumulado. Dependiendo de si se contabilizan ingresos petroleros perdidos, inversiones suspendidas, depreciación de la moneda, inflación y crecimiento que dejó de producirse, se hablaría de cientos de miles de millones de dólares.

Las consecuencias humanas de las sanciones

Formalmente, alimentos y medicamentos suelen estar exentos de las sanciones, pero en la práctica, las restricciones bancarias, el temor de empresas y transportistas a sufrir sanciones y las dificultades para procesar pagos han complicado la importación de medicinas, equipos médicos y materias primas.

El daño no recae exclusivamente en los gobernantes ni en la Guardia Revolucionaria. Se transmite a la población mediante inflación, pérdida de poder adquisitivo, desempleo, empobrecimiento y dificultades para acceder a ciertos tratamientos. 

Estudios recientes relacionan las sanciones con deterioros en salud, seguridad alimentaria, desigualdad y pobreza; otra investigación calcula que entre 2012 y 2019 redujeron de manera importante el tamaño de la clase media iraní, aunque reconoce que el resultado combina el efecto externo con las malas decisiones económicas internas del gobierno.  

Los últimos meses

Durante los últimos meses, la confrontación entre Estados Unidos e Irán pasó de las amenazas y las sanciones a una guerra abierta. Los bombardeos estadounidenses e israelíes contra instalaciones militares, radares, depósitos de misiles y otros objetivos iraníes provocaron respuestas de Teherán contra posiciones vinculadas con Estados Unidos en países del Golfo. 

La muerte del líder supremo Alí Jamenei en uno de los ataques profundizó la crisis. Aunque en junio se anunció un acuerdo preliminar para suspender las hostilidades, reabrir el estrecho de Ormuz y comenzar negociaciones sobre el programa nuclear y las sanciones, la tregua nunca llegó a consolidarse.

El estrecho de Ormuz se convirtió en el centro del conflicto. Irán restringió el paso marítimo y sostuvo que tenía derecho a controlar las rutas, mientras Estados Unidos emprendió nuevos bombardeos con el argumento de proteger la navegación internacional. 

Los ataques contra buques comerciales, las represalias estadounidenses y las acciones iraníes contra Bahréin, Kuwait, Qatar y otros países redujeron considerablemente el tráfico petrolero y elevaron los costos de transporte y seguros. 

En julio, Washington volvió a atacar decenas de objetivos iraníes y revocó la autorización temporal para que Teherán vendiera petróleo, mientras ambas partes afirmaban estar dispuestas a negociar sin abandonar las amenazas militares.

Tampoco es Irán un país democrático agredido

Es innegable que el régimen iraní ha reprimido a su propia población, restringido libertades, perseguido opositores y destinado cuantiosos recursos a sus objetivos militares y regionales. La corrupción, el aislamiento impuesto por sus dirigentes y sus errores económicos también han provocado sufrimiento.

Pero tampoco es históricamente honesto presentar la hostilidad iraní como si hubiera surgido de la nada. La realidad es que Estados Unidos intervino para derribar un gobierno iraní, sostuvo durante décadas una monarquía autoritaria, respaldó a Irak durante una guerra devastadora, derribó un avión civil y mató a 290 personas, impuso sanciones que han privado al país de decenas de miles de millones de dólares y ha utilizado reiteradamente amenazas militares contra su territorio.

Por eso resulta profundamente desequilibrado que Trump anuncie una destrucción “nunca antes vista” como represalia anticipada, sin reconocer que hay más de siete décadas de intervención, coerción, violencia y agravios acumulados

Una amenaza contra Trump sería criminal e injustificable; pero convertir ese crimen hipotético en autorización para devastar a toda una nación significaría castigar a millones de personas que no participaron en él.

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