
La defensa de Ernesto Ruffo ofrece al PAN una causa para recuperar protagonismo y a Somos una oportunidad para ganar exposición. La posibilidad judicial de culpabilidad existe, pero para ambos puede resultar más costoso permanecer políticamente estancados.
La defensa que el PAN y Somos han emprendido en favor de Ernesto Ruffo Appel puede leerse desde la perspectiva judicial, pero también desde la política. Son dos planos diferentes.
Ruffo enfrenta acusaciones graves de la Fiscalía General de la República (FGR), relacionadas con delincuencia organizada, contrabando de combustible y defraudación fiscal dentro de una presunta red de tráfico ilegal conocida como “huachicol fiscal”.
Ha sido vinculado a proceso y permanece privado de la libertad, pero todavía no existe una sentencia que establezca su culpabilidad. Conserva, por tanto, la presunción de inocencia y corresponde a la Fiscalía demostrar sus acusaciones ante los tribunales. Eso pertenece al ámbito jurídico.
Pero alrededor del proceso está desarrollándose otra historia: PAN y Somos han convertido la defensa de Ruffo en una causa política. Y ocurre en un momento particularmente conveniente para ambos.
Una causa para un PAN que necesita recuperar relevancia
El PAN atraviesa desde hace años una dificultad señalada reiteradamente por analistas políticos: carece de un proyecto político reconocido por una parte suficientemente amplia de la sociedad.
Puede presentar decenas de propuestas y plataformas, pero la cuestión ¿qué proyecto de nación identifica actualmente el electorado con el PAN?, ¿qué de lo que ofrece es capaz de entusiasmar nuevamente a una parte importante de los ciudadanos que alguna vez lo llevaron a la Presidencia?
Durante su crecimiento histórico sí tuvo una causa fácilmente reconocible: democratización, competencia electoral y alternancia frente al prolongado dominio priista. Ernesto Ruffo pertenece precisamente a esa historia. Se afilió al PAN en 1982, fue presidente municipal de Ensenada y en 1989 se convirtió en el primer gobernador de oposición reconocido electoralmente en décadas. Por eso su situación posee un valor simbólico especial para el panismo.
Con el caso Ruffo el PAN puede construir una historia políticamente poderosa: uno de los personajes que simbolizaron la apertura democrática mexicana está encarcelado mientras el partido sostiene que las instituciones del país están siendo debilitadas o sometidas por el poder político.
Pero que exista realmente una persecución es algo que deberá demostrarse, en cambio como narrativa política resulta perfectamente compatible con el discurso que el PAN ha construido durante los últimos años.
Somos necesita algo diferente: hacerse visible
Para Somos, el caso también ofrece una oportunidad, pero deferente. Un partido nuevo necesita que los ciudadanos conozcan su nombre, identifiquen a sus dirigentes y comprendan para qué existe. La defensa de Ruffo puede proporcionarle exposición nacional y una primera causa reconocible.
Cada conferencia, entrevista o pronunciamiento relacionado con el exgobernador coloca también a Somos en una conversación nacional a la que tendría mayores dificultades para acceder por sí mismo.
PAN y Somos coinciden así en una misma causa por necesidades diferentes: uno necesita recuperar protagonismo; el otro necesita comenzar a construirlo.
El costo del riesgo frente al costo de la irrelevancia
La apuesta tiene riesgos. PAN y Somos han ido más allá de exigir presunción de inocencia y debido proceso: han expresado abiertamente su confianza en Ruffo y presentado su procesamiento como una persecución política.
Una demostración temprana y contundente de culpabilidad podría resultar costosa, pero equivocarse no es el único riesgo político. Para fuerzas que necesitan crecer o recuperar relevancia, permanecer en la irrelevancia es más costoso.
Pero las posibilidades no necesariamente les resultan desfavorables. Si las acusaciones se debilitan o Ruffo finalmente resulta inocente, sus defensores podrán presentar el desenlace como una confirmación de las dudas que plantearon desde el principio.
Y si el procedimiento se prolonga durante meses o años, mientras tanto habrán obtenido exposición, protagonismo y una causa alrededor de la cual movilizarse.
Incluso si finalmente Ruffo fuese declarado culpable y la Fiscalía mostrara evidencias convincentes, PAN y Somos podrían sostener que defendieron la presunción de inocencia y exigieron un proceso justo, para después reconocer la resolución judicial y continuar hacia otro capítulo político. Finalmente, ellos no son los acusados.
El escenario más costoso sería que aparecieran pronto pruebas públicas, contundentes y comprensibles que demostraran la participación consciente de Ruffo en los delitos que se le atribuyen. La proximidad entre una defensa categórica y esas evidencias dificultaría considerablemente la retirada.
Ruffo encaja en una narrativa que ya existía
El caso Ruffo tiene otra característica favorable para sus defensores. Durante los últimos años, buena parte de la oposición ha construido su discurso alrededor de la concentración del poder, el debilitamiento de contrapesos, los cuestionamientos a las autoridades electorales y la supuesta pérdida de independencia del Poder Judicial. Se puede compartir o rechazar ese diagnóstico. Lo interesante es que Ruffo encaja perfectamente dentro de él.
Una discusión institucional relativamente abstracta puede transformarse en una historia mucho más sencilla: un opositor histórico está en prisión y sus defensores sostienen que el Estado está siendo utilizado contra él. Así aparecen dos preguntas completamente diferentes.
La judicial es si Ruffo cometió los delitos que le atribuye la Fiscalía. La política es si está encarcelado por las pruebas existentes contra él o porque la justicia está siendo utilizada para combatir adversarios. La primera deberá resolverse ante los tribunales. La segunda se disputará en la opinión pública.
Una bandera todavía no es una causa nacional
Aquí aparece finalmente el límite de la estrategia. PAN y Somos pueden decidir convertir a Ernesto Ruffo en su bandera. Lo que no pueden decidir es que la sociedad la adopte. Una sucesión de declaraciones de dirigentes, organizaciones y medios opositores a la 4T puede producir una enorme intensidad informativa pero eso no demuestra que la preocupación haya permeado en las convicciones de la sociedad.
Para convertirse realmente en una causa nacional, el caso tendría que comenzar a preocupar también a sectores ajenos al círculo opositor. Pero ni siquiera necesitan llegar tan lejos para obtener beneficios. Al PAN, Ruffo puede devolverle temporalmente una causa conectada con su propia historia democrática. A Somos puede proporcionarle algo indispensable para un partido que comienza: exposición.
Por eso la defensa de Ernesto Ruffo merece observarse como algo más que solidaridad entre políticos. Todavía no sabemos si Ruffo es culpable o inocente. Eso deberá establecerse mediante las pruebas y el proceso judicial.
Lo que sí podemos observar desde ahora es que en un momento en que el PAN necesita recuperar protagonismo y Somos necesita hacerse visible, el caso Ruffo ofrece a ambos una oportunidad política difícil de ignorar.
Falta saber si quedará solamente como una bandera opositora o si conseguirá algo mucho más difícil: convertirse en una causa que trascienda a quienes se oponen a la 4T.
La disputa comienza a extenderse
En los últimos días han aparecido señales que refuerzan esta lectura política. Somos ha comenzado a organizar comités ciudadanos en distintas entidades para respaldar a Ruffo, mientras dirigentes panistas, el expresidente Vicente Fox y familiares del exgobernador mantienen públicamente su defensa. Al mismo tiempo, el equipo jurídico de Ruffo se ha ampliado y continúa buscando mediante amparos que pueda enfrentar el proceso en prisión domiciliaria.
La Fiscalía, por su parte, continúa desarrollando la investigación y ha informado del aseguramiento de nuevos documentos relacionados con la presunta red de contrabando de combustibles. Esos elementos no demuestran por sí mismos la responsabilidad personal de Ruffo, pero muestran que el expediente tampoco permanece estático.
Así comienzan a desarrollarse simultáneamente las dos historias que habrá que seguir: PAN y Somos intentan ampliar políticamente la causa Ruffo, mientras la Fiscalía intenta fortalecer judicialmente su acusación.
El resultado dependerá no solamente de cuál de las dos narrativas consiga mayor exposición, sino de la solidez de las pruebas que finalmente pueda conocer la sociedad.










