
Las vacaciones de verano representan un cambio importante en la rutina de los niños. Se levantan más tarde, pasan más tiempo jugando, salen con mayor frecuencia al parque o a visitar familiares y, en muchos casos, dejan de seguir los horarios que mantenían durante el ciclo escolar.
Aunque esta etapa suele implicar mayor actividad física, también puede favorecer algunos hábitos poco saludables: saltarse comidas, consumir más refrescos y golosinas, comer frente a una pantalla o sustituir alimentos nutritivos por botanas. Con algunos ajustes sencillos, las familias pueden ayudar a que los niños disfruten plenamente del verano sin descuidar su alimentación.
1. Mantener horarios regulares para las comidas
No es necesario seguir exactamente el horario escolar, pero sí conviene conservar una rutina. Desayunar, comer y cenar aproximadamente a la misma hora ayuda a evitar que los niños pasen muchas horas sin alimento y lleguen con demasiada hambre, lo que suele llevarlos a elegir productos con exceso de azúcar, sal o grasa.
2. Ofrecer agua como bebida principal
Durante el verano aumenta el riesgo de deshidratación, especialmente cuando los niños juegan al aire libre. Lo más recomendable es que el agua simple sea la bebida de todos los días. Los refrescos, jugos industrializados y bebidas azucaradas pueden reservarse para ocasiones especiales, ya que aportan muchas calorías y poco valor nutricional.
3. Tener frutas y verduras siempre al alcance
Cuando los alimentos saludables están disponibles, es mucho más fácil que los niños los consuman. Frutas como sandía, melón, mango, piña, manzana o uvas, además de verduras cortadas como pepino, zanahoria o jícama, pueden convertirse en colaciones frescas, prácticas y muy atractivas durante los días calurosos.
4. No abusar de las botanas y la comida rápida
Las vacaciones suelen incluir reuniones familiares, paseos y salidas donde abundan frituras, dulces, helados y comida rápida. Disfrutarlos de vez en cuando forma parte del verano, pero lo importante es que no se conviertan en la alimentación cotidiana. El equilibrio sigue siendo la mejor estrategia.
5. Dar el ejemplo en casa
Los niños aprenden observando. Si ven que los adultos desayunan, comen frutas, toman agua y disfrutan alimentos preparados en casa, será mucho más probable que adopten esos mismos hábitos. Compartir la preparación de una ensalada, un licuado o una comida familiar también puede convertirse en una actividad divertida durante las vacaciones.
Un verano para disfrutar… y cuidar la salud
Las vacaciones no tienen que significar una alimentación desordenada. Con una buena organización y pequeñas decisiones diarias, las familias pueden aprovechar esta temporada para fortalecer hábitos saludables que acompañen a los niños durante todo el año. Comer bien no solo favorece su crecimiento y desarrollo, sino que también les proporciona la energía necesaria para disfrutar cada juego, paseo y aventura del verano.










