
Los resultados preliminares de la elección para renovar el Congreso de Coahuila muestran una tendencia contundente. Con más del 99% de las actas capturadas en el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) del Instituto Electoral de Coahuila, la alianza PRI-UDC registra alrededor del 55% de la votación, mientras que la coalición Morena-PT alcanza cerca del 26%.
Más atrás aparecen Nuevas Ideas con aproximadamente 5.9%, el Partido Verde con 2.6%, el PAN con 2.1% y Movimiento Ciudadano con cerca de 2%.
Aunque los resultados deberán ser confirmados por los cómputos oficiales, la ventaja observada en el PREP permite advertir una tendencia irreversible: el PRI mantiene en Coahuila una fortaleza electoral que ha desaparecido en la mayor parte del país.
Sin embargo, más allá de quién gane o pierda una elección local, el resultado plantea una pregunta de mayor profundidad. ¿Por qué Coahuila sigue votando de manera tan distinta al resto de México?
Un partido debilitado nacionalmente, pero dominante localmente
A nivel nacional, el PRI atraviesa uno de los momentos más difíciles de su historia. El partido que gobernó México durante gran parte del siglo XX ha perdido la mayoría de sus gubernaturas, ha visto reducirse significativamente su representación electoral y suele aparecer en las encuestas nacionales con niveles de respaldo no solo muy inferiores a los que tuvo en décadas pasadas sino los típicos de un partido muy pequeño.
Además, amplios sectores de la población asocian al PRI con prácticas como corrupción, clientelismo, nepotismo, compra de votos, uso patrimonial del poder público y privilegios para grupos cercanos al gobierno. Sin embargo, en Coahuila ocurre algo distinto.
Mientras en gran parte del país el PRI dejó de ser una fuerza dominante, en esta entidad continúa obteniendo resultados electorales que ningún otro estado le proporciona.
La pregunta, por tanto, no es únicamente por qué ganó una elección. La pregunta es por qué sigue siendo competitivo donde dejó de serlo en el resto del país.
Una explicación insuficiente
Una respuesta rápida sería atribuir el resultado a una buena evaluación ciudadana. Sin embargo, esa explicación parece insuficiente. Quienes recorren ciudades como Torreón, Monclova o distintas comunidades rurales conocen problemas que aparecen frecuentemente en las conversaciones cotidianas: calles deterioradas, rezagos urbanos, servicios públicos cuestionados, prácticas de influyentismo, desigualdades persistentes y críticas a la forma en que se distribuyen oportunidades y beneficios dentro del aparato gubernamental.
Nada de ello impidió que el partido gobernante volviera a obtener una votación ampliamente mayoritaria. Por eso el fenómeno merece una mirada más profunda.
Más que una estructura política
La sociología política ha estudiado durante décadas cómo algunos partidos logran construir algo más sólido que una organización electoral. Construyen una cultura política.
Con el paso de los años, una fuerza política puede desarrollar redes de relaciones que abarcan gobiernos municipales, dependencias estatales, sindicatos, proveedores, organizaciones sociales, liderazgos comunitarios, funcionarios, exfuncionarios, familiares y círculos de confianza.
La fuerza del PRI entonces no se sostiene únicamente de militantes sino que incluye a personas cuya vida cotidiana, oportunidades laborales, relaciones sociales o expectativas de futuro terminan vinculadas, de una u otra manera, a la permanencia del PRI en el poder.
En esos contextos, la continuidad política deja de percibirse solamente como una preferencia política e ideológica y se convierte en una opción que asegura estabilidad, certidumbre o preservación de redes sociales ya existentes.
La fuerza de una narrativa
Existe además otro elemento difícil de medir, pero imposible de ignorar: la narrativa social.
Las narrativas políticas no viven únicamente en los discursos oficiales o en la propaganda electoral.
Las narrativas se reproducen en conversaciones familiares, en los centros de trabajo, en los mercados, en las filas de las tortillas, en los taxis, en las tiendas y en los espacios donde las personas interpretan la realidad cotidiana.
Cuando una narrativa permanece durante décadas, termina formando parte del sentido común de una sociedad y se convierte en la manera habitual de explicar todo el entorno, incluyendo la política. Difícilmente se concibe a sí misma gobernada por un partido muy antagónico.
Cuando una narrativa logra arraigarse de esa manera, los cambios políticos suelen volverse más difíciles que en lugares donde las lealtades partidistas son más débiles o recientes.
¿Y por qué Coahuila?
Los resultados preliminares de Coahuila no ofrecen una respuesta definitiva sobre las causas de la fortaleza priista. Lo que sí hacen es plantear una pregunta que merece ser estudiada con seriedad.
¿Por qué una entidad que enfrenta problemas similares a los de muchas otras regiones del país continúa respaldando de manera tan amplia al partido que en buena parte de México perdió su condición dominante?
Las respuestas probablemente no se encuentren en una sola explicación. Tal vez intervengan factores históricos, culturales, económicos, institucionales y políticos al mismo tiempo.
Lo cierto es que, mientras el mapa electoral mexicano se ha transformado profundamente durante las últimas dos décadas, Coahuila continúa siendo una excepción que obliga a mirar más allá de los resultados y a preguntarnos qué dinámicas sociales permiten que un proyecto político conserve una fuerza que en casi todo el país se ha debilitado.
Más que una victoria electoral, lo que Coahuila parece ofrecer es un caso de estudio.










