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El Grito de Independencia: la historia detrás de una tradición de más de dos siglos

Ceremonia del Grito de Independencia de 2026 desde el balcón central de Palacio Nacional, decorado con los colores de la bandera de México.
La presidenta Claudia Sheinbaum encabeza desde el balcón central de Palacio Nacional la ceremonia del Grito de Independencia de 2026, continuidad de una tradición que comenzó a construirse desde los primeros años de la lucha insurgente.

Cada noche del 15 de septiembre se repite una escena que los mexicanos conocemos casi de memoria: la plaza llena, la bandera nacional, los nombres de los héroes, los “¡vivas!”, el repique de la campana y, finalmente, tres poderosos “¡Viva México!”.

Parecería que estamos reproduciendo una ceremonia nacida exactamente así aquella madrugada de 1810… pero no fue así.

El Grito de Independencia que celebramos actualmente es una tradición construida a lo largo de más de dos siglos. Conserva el recuerdo de Miguel Hidalgo y del levantamiento de Dolores, pero incorpora elementos que fueron apareciendo mucho después: la conmemoración anual, la ceremonia nocturna del día 15, el traslado de la campana a Palacio Nacional y hasta la costumbre de que cada presidente introduzca sus propios “vivas”.

Un levantamiento que tuvo que adelantarse

La historia comienza, además, con una urgencia. Los conspiradores de Querétaro preparaban un levantamiento contra el gobierno virreinal, pero sus planes fueron descubiertos. Josefa Ortiz de Domínguez consiguió hacer llegar la advertencia a los insurgentes y aquello precipitó los acontecimientos. Ya no podían esperar.

Durante la madrugada del 16 de septiembre de 1810, Miguel Hidalgo hizo tocar la campana de la parroquia de Dolores para reunir a la población. Lo que ocurrió después se convertiría en uno de los acontecimientos fundacionales de México: el sacerdote llamó a levantarse contra el gobierno virreinal y comenzó una guerra que duraría once años.

Entonces aparece una primera sorpresa: no sabemos exactamente qué gritó Hidalgo. No existían grabadoras, naturalmente, ni contamos con una transcripción contemporánea indiscutible de sus palabras. Las reconstrucciones posteriores difieren. Entre las expresiones que se le atribuyen aparecen “¡Viva la América!” y “¡Muera el mal gobierno!”, además de referencias a la Virgen de Guadalupe.

Cuando un presidente mexicano sale actualmente al balcón y pronuncia una sucesión de vivas, no está repitiendo literalmente un discurso de Hidalgo, sino que esta representando simbólicamente aquel llamado.

El primer Grito conmemorativo ocurrió durante la guerra

La tradición comenzó sorprendentemente pronto. Hidalgo fue capturado y fusilado en 1811. Sin embargo, apenas dos años después del levantamiento, cuando la guerra seguía desarrollándose y nadie sabía todavía si los insurgentes conseguirían la independencia, Ignacio López Rayón y Andrés Quintana Roo conmemoraron el 16 de septiembre de 1812 en Huichapan, hoy Hidalgo.

El lugar, conocido como El Chapitel, permanece identificado como escenario de aquella primera conmemoración festiva del Grito. Es un detalle revelador: la tradición mexicana del Grito comenzó antes de que existiera México como país independiente.

José María Morelos comprendió también la importancia política y simbólica de aquella fecha. En Sentimientos de la Nación, presentado en 1813, estableció que debía solemnizarse cada año el 16 de septiembre como aniversario del inicio de la lucha.

La insurgencia comenzaba así a construir su propia memoria histórica mientras todavía estaba combatiendo.

Celebramos el comienzo, no el final

Hay otra peculiaridad que solemos pasar por alto. México no obtuvo su independencia el 16 de septiembre de 1810. Ese día comenzó la insurrección. La consumación llegaría hasta el 27 de septiembre de 1821, con la entrada del Ejército Trigarante (1)en la Ciudad de México. Sin embargo, la gran fiesta nacional terminó vinculada al comienzo de la lucha y no a su conclusión.

Una vez alcanzada la independencia, el 16 de septiembre se consolidó como celebración nacional. Durante el siglo XIX las fiestas fueron adquiriendo luces, adornos, discursos, música, fuegos artificiales y celebraciones populares. Para 1825, durante la presidencia de Guadalupe Victoria, la Ciudad de México se adornaba con cortinajes, guirnaldas, flores y velas.

A esta alturas, la conmemoración ya comenzaba a parecerse más a una fiesta nacional.

¿Porfirio Díaz cambió el Grito al día de su cumpleaños?

Aquí encontramos una de las historias más repetidas. Porfirio Díaz nació el 15 de septiembre de 1830. De ahí surgió la conocida versión según la cual decidió adelantar el Grito del día 16 a la noche del 15 simplemente para hacer coincidir la fiesta nacional con su cumpleaños.

La historia resulta atractiva, pero demasiado simple, porque existen testimonios de ceremonias nocturnas del 15 anteriores a la consolidación porfiriana del festejo. Entonces durante el siglo XIX ya se realizaban funciones cívicas, discursos y actos la víspera del aniversario. Lo que hizo el porfiriato fue fortalecer y centralizar esa ceremonia alrededor de la Presidencia. 

Estudios históricos muestran cómo el Grito nocturno fue adquiriendo cada vez mayor importancia hasta convertirse en el centro de la celebración.

Eso no significa que el cumpleaños de Díaz fuera irrelevante. El historiador Pablo Serrano Álvarez narra que el 15 de septiembre también se le felicitaba públicamente y ambos festejos convivieron durante su gobierno.

La realidad histórica, entonces, resulta más interesante que la leyenda: Díaz no necesitó inventar de la nada el festejo del 15; contribuyó decisivamente a institucionalizar una ceremonia que ya venía formándose.

La campana viajó de Dolores a Palacio Nacional

Porfirio Díaz sí protagonizó otro episodio fundamental. En 1896 ordenó trasladar a la Ciudad de México la histórica campana de Dolores, la que había servido para convocar a la población aquella madrugada de 1810. Fue instalada sobre el balcón principal de Palacio Nacional y quedó incorporada al ceremonial presidencial.

El traslado tenía una enorme fuerza simbólica. La campana dejaba de encontrarse únicamente en el lugar donde había comenzado la rebelión y pasaba al corazón político de la República. El jefe del Estado mexicano podía ahora hacer sonar el mismo objeto asociado con el llamado de Hidalgo, y allí permanece hasta la actualidad.

Cuando la Presidencia hace sonar la campana durante la ceremonia, por tanto, no se trata simplemente de una reproducción fabricada para la celebración: es la histórica campana trasladada desde Dolores a Palacio Nacional en 1896.

Una ceremonia que continúa cambiando

Tampoco existe una transcripción de Hidalgo que obligue a repetir exactamente las mismas palabras cada año, por eso la arenga presidencial ha ido cambiando. Se conserva un núcleo reconocible —los héroes de la Independencia, la patria y los “¡Viva México!”—, mientras distintos presidentes han incorporado personajes, valores, grupos sociales o causas que consideran dignos de ser recordados.

La ceremonia funciona así simultáneamente como memoria y como interpretación del presente, y quizá ahí se encuentre una de las razones de su extraordinaria permanencia. El México que da el Grito cada septiembre no es el México de 1810. Ni siquiera celebra exactamente como lo hacía el México de 1825, el de Porfirio Díaz o el de mediados del siglo XX.

Hay, sin embargo, algo que atraviesa todas esas épocas: una campana que llamó a una población a reunirse durante la madrugada del 16 de septiembre de 1810 terminó convertida en uno de los símbolos mediante los cuales un país entero recuerda cada año el momento en que comenzó a luchar por existir.

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(1) Ejército Trigarante: Fuerza militar formada en 1821 a partir del acuerdo entre Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero, expresado en el Plan de Iguala. Su nombre aludía a las Tres Garantías: Religión, Independencia y Unión. Encabezó la etapa final del proceso independentista y entró triunfalmente en la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821, hecho que marcó la consumación de la Independencia.

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