
Después de varias semanas de movilizaciones, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) acordó levantar el plantón instalado en el Zócalo de la Ciudad de México y dar por concluida la huelga nacional que mantuvo suspendidas actividades escolares en diversas entidades del país.
La decisión fue tomada tras consultas internas realizadas por las distintas secciones de la organización magisterial. Con ello, miles de docentes comenzaron el retiro de casas de campaña, lonas y pertenencias que durante días ocuparon la principal plaza pública del país.
La movilización tuvo como principales demandas la derogación de la Ley del ISSSTE de 2007, mejoras al sistema de pensiones y cambios en los mecanismos de ingreso, promoción y movilidad del magisterio. Aunque el gobierno federal sostuvo diversas mesas de diálogo y presentó propuestas para continuar las negociaciones, no cedió ante las exigencias centrales de la CNTE por considerarlas inviables.
Dirigentes de la organización señalaron que el repliegue no representa el abandono de sus demandas y advirtieron que continuarán impulsando acciones en los estados y en otros espacios de organización sindical.
Durante un recorrido del sindicato, la Sección 14 de Guerrero, integrada por maestros de la CETEG, vandalizó las instalaciones de la Torre del Bienestar, en Paseo de la Reforma, donde irrumpieron en el inmueble que en ese momento estaba en pleno funcionamiento.
Las trabajadoras de Atención al Usuario tuvieron que refugiarse en un cubículo del que salieron con lágrimas una vez que se aseguraron de que los maestros ya se habían retirado del lugar que quedó entre cristales rotos, papeles regados y sillas volteadas.
Una movilización con capacidad de presión, pero sin respaldo social amplio
El cierre de la huelga deja una lectura compleja. La CNTE demostró nuevamente su capacidad de organización y movilización, así como su influencia en diversos estados del país. Durante semanas logró colocar en la agenda nacional el debate sobre las pensiones y las condiciones laborales del magisterio.
Sin embargo, la protesta también encontró límites fuera de su propia base sindical. La mayoría de la sociedad pareció reconocer el derecho de los maestros a manifestarse y defender sus demandas laborales. No se observó un movimiento social importante que exigiera impedir o reprimir las protestas. Pero tampoco surgió un respaldo ciudadano amplio que aprobara la suspensión de clases o la ocupación prolongada del Centro Histórico de la Ciudad de México.
Por el contrario, comerciantes, trabajadores, padres de familia y usuarios del transporte expresaron en distintos momentos su inconformidad por las afectaciones derivadas de los bloqueos y del plantón.
Esto no significa necesariamente que la población rechazara las demandas de los docentes. Muchas personas pueden coincidir en la necesidad de mejorar las pensiones o las condiciones laborales del magisterio y, al mismo tiempo, rechazar los métodos de protesta.
Quizá una de las lecciones más importantes de este episodio sea precisamente esa: la CNTE logró sostener una movilización nacional, pero no consiguió transformar plenamente una demanda gremial en una causa respaldada por amplios sectores de la sociedad. Y cuando una protesta no logra ampliar su base social más allá de quienes la protagonizan, sus márgenes de presión terminan encontrando límites difíciles de superar.
Cabe hacer notar que el plantón en la Ciudad de México estuvo acompañado de actos vandálicos, destrucción de espacios públicos y muestras de violencia que la presidenta Claudia Sheinbaum interpretó como actos de provocación que en algunos momentos coincidieron con las expresiones de la ultraderecha mexicana.










