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La Nueva Escuela Mexicana no creó el deterioro educacional pero sí tiene la responsabilidad de revertirlo

Estudiantes de secundaria en un salón de clases mientras una profesora explica matemáticas frente al pizarrón.
Los resultados de PISA 2025 muestran retrocesos en algunos aprendizajes de los estudiantes mexicanos, particularmente en matemáticas. Los datos constituyen una señal de alerta para la política educativa, aunque no permiten evaluar por sí solos el conjunto de la Nueva Escuela Mexicana.

Los resultados de PISA 2025 colocan una discusión inevitable: ¿está mejorando o empeorando la educación en México? Para responder debemos considerar primero que PISA no mide todo lo que significa educar, segundo, que tampoco sus resultados permiten declarar el éxito o fracaso de la Nueva Escuela Mexicana, y tercero, que no debemos minimizar el hecho de que en algunas de las competencias que PISA evalúa, particularmente matemáticas, México ha retrocedido.

En el análisis debemos considerar que  PISA evalúa la capacidad de estudiantes de aproximadamente 15 años para utilizar conocimientos y competencias en lectura, matemáticas y ciencias. Además recoge información sobre actitudes, entorno escolar y otras variables, pero no mide toda la formación académica de una persona.

El modelo educativo conocido como la Nueva Escuela Mexicana (por sus siglas NEM), por su parte, plantea objetivos considerablemente más amplios, pues aspira a una formación integral que incorpora comunidad, pensamiento crítico, inclusión, valores, participación y comprensión del entorno. 

Sería equivocado, por tanto, convertir una prueba internacional en el juez definitivo de todo un modelo educativo, pero sería igualmente equivocado ir al extremo contrario de descalificar la validez de la prueba PISA.

Lo que PISA sí nos está diciendo

Aprender matemáticas, comprender lo que se lee y adquirir conocimientos científicos también forman parte de la educación que propone la Nueva Escuela Mexicana (NEM). Entonces PISA no mide todo lo que pretende conseguir la NEM, pero sí mide una parte de ello. Y, si tomamos con seriedad el resultado de la prueba, en esa parte hay motivos para preocuparse.

Si tomamos como referencia PISA 2018, México obtuvo 409 puntos en matemáticas, 420 en lectura y 419 en ciencias. En 2025 los resultados fueron, respectivamente, 388, 408 y 414.

Es decir, respecto de 2018 tenemos 21 puntos menos en matemáticas, 12 menos en lectura y cinco menos en ciencias.

Entonces hay un dato que debería estar escrito en letras grandes en los escritorios de la  Secretario de Educación Pública: Matemáticas: 419 puntos en 2009; 413 en 2012; 409 en 2018; 395 en 2022 y 388 en 2025. En otras palabras, estamos experimentando un retroceso progresivo desde 2009 a 2025 y no se ha detenido.

Algunos analistas, sobre todo por motivaciones claramente políticas, se han adelantado a declarar que la prueba PISA 2025 muestra en fracaso de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), sin embargo no debemos perder de vista que no estamos ante una caída que haya comenzado con la Nueva Escuela Mexicana. La tendencia viene de mucho antes, aunque tampoco estamos viendo todavía que la NEM haya logrado revertirla.

Una generación de transición

Debemos evitar la conclusión apresurada de culpar al nuevo modelo educativo de la Cuarta Transformación. Los jóvenes que presentaron PISA en 2025 tenían alrededor de 15 años, Sin embargo el Plan de la NEM comenzó su aplicación generalizada apenas en el ciclo escolar 2023-2024.

Por lo tanto, estos estudiantes no fueron formados durante toda su trayectoria escolar bajo la Nueva Escuela Mexicana. Pasaron la mayor parte de ella con los modelos anteriores, atravesaron además la extraordinaria interrupción educativa provocada por la pandemia y solamente durante la etapa final estuvieron expuestos al nuevo modelo educativo de la 4T.

Entonces no podemos pasar por alto el hecho de que PISA 2025 evalúa, en realidad, a una generación de transición, lo cual nos permite establecer dos cosas: sí hay un retroceso educativo, especialmente en matemáticas, pero nos falta ver una generación formada íntegramente en la NEM.

Por lo tanto, esos resultados no permiten demostrar que la Nueva Escuela Mexicana haya provocado el retroceso, pues la tendencia en algunas materias venía de años anteriores, ocurrió una pandemia de dimensiones excepcionales y los estudiantes evaluados apenas habían estado expuestos durante una pequeña parte de su formación al nuevo modelo.

Sin embargo debemos reconocer que todo lo anterior no significa que la Secretaría de Educación Pública deba restar importancia a los resultados argumentando que PISA no mide la totalidad de la propuesta educativa mexicana.

La perspectiva más equilibrada al evaluar la educación en México y el nuevo modelo educativo es no condenar, pero tampoco justificar. Probablemente éste sea el punto más importante.

Sería intelectualmente poco serio afirmar que PISA 2025 demuestra el fracaso de la Nueva Escuela Mexicana. Pero sería igualmente preocupante que sus defensores respondieran que los resultados no importan porque la NEM busca una educación más integral que la que puede medirse mediante una prueba estandarizada.

Ambas posiciones confundirían las cosas, porque es una realidad que en matemáticas, comprensión de lectura y ciencias estamos experimentando retrocesos preocupantes.

Un joven puede desarrollar conciencia comunitaria, capacidad de cooperación, valores, pensamiento crítico y compromiso con su entorno, y eso tiene enorme importancia educativa, pero también necesita comprender lo que lee, manejar las matemáticas y utilizar conocimientos científicos para interpretar el mundo. Una cosa no debería sustituir a la otra.

Por eso PISA debe entenderse como lo que es: un indicador parcial, pero relevante.

PISA no puede decirnos si la Nueva Escuela Mexicana funciona en su totalidad, pero sí puede advertirnos cuando una parte de los aprendizajes muestra señales preocupantes.

La alarma está encendida

La conclusión, entonces, no debería ser que la Nueva Escuela Mexicana ha fracasado. Aunque muchos medios opositores a la 4T se han apresurado a decirlo, la verdad es que analizado con seriedad no existen elementos suficientes para afirmarlo.

Tampoco podemos decir que el modelo de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) está funcionando satisfactoriamente. Los resultados disponibles no permiten semejante complacencia.

Lo que sí podemos afirmar es que México presenta hoy un retroceso en algunas competencias fundamentales y que la tendencia de matemáticas exige atención inmediata.

La pandemia explica una parte del deterioro, pues los estudiantes evaluados en 2025 vivieron durante su formación el cierre extraordinario de las escuelas y sus consecuencias sobre el aprendizaje. 

Pero existe además otro factor que debe considerarse al comparar al México actual con el de hace dos décadas: la cobertura. Al hablar de cobertura queremos decir que hoy hay en la escuela una proporción mucho mayor de adolescentes que en periodos anteriores. 

PISA evalúa únicamente a quienes continúan dentro del sistema educativo, pero, años atrás, muchos jóvenes —particularmente de los sectores con mayores desventajas sociales y económicas— ya habían abandonado las aulas a los 15 años. Hoy, incorporarlos y mantenerlos estudiando, es un avance educativo, aunque al mismo tiempo tiene el efecto de  reducir el promedio nacional y hacer engañosa una comparación directa con generaciones en las que la población evaluada era más reducida y socialmente menos diversa.

A ello se agrega un elemento más: la generación de transición, es decir, los jóvenes que presentaron PISA en 2025 realizaron la mayor parte de su trayectoria escolar bajo planes educativos anteriores a la Nueva Escuela Mexicana. 

La aplicación generalizada del Plan de Estudios 2022 —documento rector que concreta y operacionaliza la Nueva Escuela Mexicana— no comenzó sino hasta el ciclo 2023-2024. Por eso estos resultados corresponden más propiamente a una generación de transición —formada bajo modelos anteriores, atravesada por la pandemia y sólo recientemente incorporada a la NEM— que a una generación educada plenamente bajo la Nueva Escuela Mexicana.

Sin embargo ninguno de estos tres factores (pandemia, cobertura y generación de transición) debería convertirse en pretexto para ignorar la alarma que enciende la prueba PISA: estamos retrocediendo en matemáticas en niños de 15 años.

La discusión educativa más productiva no consiste en defender o condenar el modelo de la Nueva Escuela Mexicana, sino en observar qué hace la SEP frente a esa alarma que ha encendido la prueba PISA.

La Nueva Escuela Mexicana no creó el deterioro histórico de las matemáticas, pero sí tiene la responsabilidad de comenzar a revertirlo.

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