Si no hay pruebas, ¿por qué crece la narrativa de culpabilidad contra Rubén Rocha Moya?

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Imagen editorial de un documento parcialmente testado con la palabra “Juanito” y una cifra señalada, en contexto de debate político y jurídico sobre la solicitud de extradición contra Rubén Rocha Moya.
Documento presentado en la Mañanera como ejemplo de los elementos enviados por Estados Unidos dentro de la solicitud relacionada con Rubén Rocha Moya.

Mientras la Secretaría de Relaciones Exteriores continúa solicitando a Estados Unidos más elementos que justifiquen la detención con fines de extradición del gobernador de Sinaloa, una parte importante de los medios y comentaristas políticos ya parecen haber emitido sentencia. El problema es que, hasta ahora, el debate público sigue girando más alrededor de narrativas y sospechas que de pruebas conocidas.

La posición del gobierno mexicano

La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó en la Mañanera que México ha pedido a Estados Unidos ampliar la información y aportar más elementos que sostengan la solicitud de extradición.

El dato es importante porque significa algo muy concreto: el propio Estado mexicano considera insuficiente lo presentado hasta ahora. No se trata de una consideración menor ni de un tecnicismo diplomático. Si existieran pruebas contundentes, plenamente integradas y verificables, no habría necesidad de solicitar más elementos.

De hecho, la propia presidenta señaló que algunos de los documentos enviados se asemejan más a referencias aisladas o apuntes sin contexto suficiente que a pruebas concluyentes.

Narrativas, especulación y disputa política

Mientras Estados Unidos sigue sin presentar públicamente elementos sólidos que sostengan la solicitud de extradición contra Rubén Rocha Moya, el debate mediático se ha intensificado. Columnas, programas de análisis y redes sociales presentan ya como prácticamente cierta una relación entre el gobernador y el narcotráfico. 

Pero el problema de fondo permanece intacto: hasta este momento no se conocen pruebas públicas suficientes que permitan sostener culpabilidad. Y aquí conviene ser claros: Tejido Social no afirma que Rocha sea inocente. Tampoco afirma que sea culpable. Eso deberá determinarse, en su caso, conforme el proceso avance y las pruebas —si existen— sean conocidas, revisadas y confrontadas.

Lo que hoy existe es una acusación, una solicitud de extradición y una enorme disputa política y mediática alrededor de ellas. Pero una acusación no sustituye la prueba.

La sospecha como herramienta política

Toda investigación puede comenzar con sospechas o indicios preliminares. Eso es normal en cualquier sistema de justicia. Lo delicado ocurre cuando una sospecha todavía no demostrada comienza a tratarse como si ya fuera una verdad definitiva. Porque una cosa es investigar, sospechar, abrir un expediente o presentar una acusación; y otra muy distinta es demostrar corrupción, probar vínculos criminales o acreditar culpabilidad.

Ahí es donde buena parte de la oposición y de los medios alineados con ella parecen haber encontrado una oportunidad política. Ante la dificultad para reconstruir respaldo social por cuenta propia, la derecha intenta recuperar legitimidad presentando como hechos comprobados elementos que, hasta ahora, ni siquiera han sido expuestos públicamente de manera sólida.

Quizá las pruebas existan. Quizá se estén integrando. Quizá eventualmente aparezcan. Pero hoy, públicamente, siguen sin conocerse.

El riesgo de normalizar condenas anticipadas

Una acusación internacional tiene impacto político inmediato, especialmente cuando proviene de Estados Unidos. El señalamiento genera titulares, presión pública y desgaste político incluso antes de que existan pruebas abiertas al escrutinio.

Pero una democracia seria distingue entre cuatro conceptos totalmente distintos entre sí: sospecha, acusación, investigación y culpabilidad demostrada. Confundirlos solo debilita la justicia. 

Cuando la acusación basta para instalar socialmente la culpabilidad, entonces la prueba deja de ser necesaria y la ideología termina sustituyendo a la verdad judicial.

Quizá las pruebas existan. Quizá eventualmente aparezcan y sostengan las acusaciones. O quizá no. Lo cierto es que hoy no se sabe y precisamente por eso resulta irresponsable convertir una sospecha en sentencia política anticipada.

La justicia necesita pruebas. La propaganda sólo necesita repetir acusaciones suficientes veces hasta que parezcan verdad.

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