5 de mayo: la historia que le habla al presente

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Acto oficial del 5 de mayo en Puebla con la presidenta Claudia Sheinbaum, autoridades civiles y militares frente a formación de cadetes.
La presidenta Claudia Sheinbaum encabeza la ceremonia por el 164 aniversario de la Batalla de Puebla, acompañada por integrantes del gabinete y mandos militares.


El 5 de mayo no es una fecha a conmemorar, es una advertencia para quienes no valoran la soberanía, la independencia y el respeto al derecho ajeno.

El discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum en Puebla hoy en 2026 y la narración histórica de Paco Ignacio Taibo II en mayo 2021 coincidieron en algo esencial: el 5 de mayo no pertenece al pasado. Sigue siendo una clave para entender el México de hoy.

La historia como mensaje político

La conmemoración de la Batalla de Puebla de 1862 no fue este año un acto meramente protocolario. Desde el inicio, el mensaje de Claudia Sheinbaum fue claro: “Ninguna potencia extranjera va a decir a los mexicanos cómo debemos gobernarnos”.

Con esa frase, el discurso presidencial no solo evocó la resistencia frente a la intervención francesa, sino que trazó un paralelismo directo con el presente.

La narrativa fue consistente: México ha enfrentado invasiones justificadas bajo argumentos legales, económicos o “civilizatorios”, y en cada caso ha resistido. Pero también recordó algo incómodo: esas intervenciones no han sido posibles sin aliados internos.

Ese señalamiento tiene una importancia relevante en el discurso de la presidenta, donde aparece una línea clara: la historia de México no es solo la lucha contra fuerzas externas, sino también contra sectores internos que han apostado por someter al país a intereses ajenos.

La otra historia: la que no siempre se cuenta

Es inevitable recordar la intervención en 2021 de Paco Ignacio Taibo II en la conmemoración del 5 de mayo, pues complementa el ángulo de interpretación de la historia. En la narración de Paco Ignacio Taibo II la Batalla de Puebla es vista desde abajo, desde donde la batalla no es una postal heroica perfecta. Es una historia que se puede sentir incómoda… pero más real.

El ejército mexicano no era una fuerza organizada y poderosa. Era, en gran medida un ejército sin zapatos, con armas obsoletas, con hambre, con divisiones internas y con parte de la élite en contra, mientras que frente a ellos, estaba uno de los ejércitos mejor preparados del mundo.

La diferencia no era menor: los franceses podían disparar con precisión a cientos de metros. Los mexicanos tenían que esperar a que el enemigo se acercara. Y aun así resistieron, no por superioridad técnica, sino por algo más difícil de medir: convicción, liderazgo y sentido de pertenencia.

Ahí aparece la figura de Ignacio Zaragoza, no como el héroe de bronce, sino como un general del pueblo: preocupado por conseguir comida, zapatos, ánimo. Paco Ignacio Taibo II  proporciona una corrección histórica importante: los héroes históricos no fueron solo los zacapoaxtlas. Muchos de los hombres que rompieron la línea francesa eran serranos de Puebla, de Tetela de Ocampo, olvidados durante décadas por una narrativa errónea y simplificada.

Una victoria improbable

En la narración de Paco Ignacio queda claro que la derrota francesa no se explica por un solo momento heroico sino por una suma de factores como los errores tácticos del ejército francés, la resistencia inesperada del ejército mexicano, el uso eficaz de la artillería jarocha y decisiones clave en el momento justo

Pero en el triunfo mexicano hay también algo más difícil de narrar: la capacidad de un pueblo para resistir aun cuando todo indica que va a perder. Y esa es la parte que conecta con el presente.

Lo que realmente se conmemora

Cuando hoy se recuerda el 5 de mayo, no se celebra solo una victoria militar, sino que se recuerda que ha habido estañas en la historia donde México ha sido vulnerable porque ha estado dividido y ha sido presionado desde fuera, sin embargo aún así ha resistido

Por eso el discurso de este año no se queda en la historia sino que apunta hacia el presente. La intervención extranjera ya no necesariamente llega en forma de ejército. Puede llegar como presión política, mediática, económica o diplomática.

Las preguntas que surgen de la conmemoración son tan necesarias: ¿quiénes hoy defienden la soberanía? y ¿quiénes siguen apostando por que venga de fuera lo que no logran construir dentro?

La Batalla de Puebla no fue la victoria de un país fuerte. Fue la victoria de un país que, aun siendo débil, decidió no rendirse.

Esa es la lección que nos dejó el 5 de mayo. Por eso, como dejó ver la presidenta Claudia Sheinbaum, más que una fecha, el 5 de mayo sigue siendo una advertencia.

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