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Trump presiona a Canadá y cuestiona su acercamiento a Europa

Mark Carney, a la izquierda, y Ursula von der Leyen, a la derecha, frente a las banderas de Canadá y de la Unión Europea.
Mark Carney y Ursula von der Leyen. Canadá y la Unión Europea buscan estrechar su relación mientras las presiones de Trump refuerzan el interés canadiense por diversificar sus alianzas.

Ottawa busca ampliar sus alianzas ante las tensiones con Washington. Von der Leyen propone una “asociación sin adhesión”, mientras Trump ha advertido que podría considerar ese acercamiento un acto hostil.

Canadá y la Unión Europea buscan profundizar su relación en una coyuntura marcada por las presiones comerciales del presidente estadounidense Donald Trump. El acercamiento deja una contradicción política: Washington contribuye a que su vecino busque alternativas y después amenaza con interpretar esa búsqueda como una afrenta.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, reconoció este 29 de octubre que Canadá no puede ingresar plenamente al bloque por razones geográficas, pero defendió una “asociación sin adhesión”. Según informó Europa Press, la propuesta pretende llevar la relación a un nivel de cercanía inédito para un país situado fuera de Europa. 

La declaración se produjo en Montreal, durante la visita de la funcionaria con motivo de la cumbre Canadá–Unión Europea del 29 y 30 de octubre. El encuentro busca impulsar una Alianza para el Futuro que amplíe la cooperación económica, tecnológica y de seguridad. 

Una alternativa ante la presión estadounidense

El gobierno del primer ministro Mark Carney busca fortalecer sus vínculos con Europa en medio de las tensiones con Estados Unidos. La agenda incluye comercio, energía, minerales críticos, inteligencia artificial, investigación y defensa, así como nuevas oportunidades de intercambio para estudiantes y profesionales.

La relación tiene bases previas: ambas partes cuentan con el Acuerdo Económico y Comercial Global, conocido como CETA, y en junio de 2025 establecieron una asociación de seguridad y defensa. El propósito actual es profundizar esos vínculos y darles mayor alcance estratégico. 

Desde esa perspectiva, el movimiento canadiense puede leerse como una respuesta a la vulnerabilidad que supone depender excesivamente de un solo socio. Si Washington utiliza el acceso a su mercado como instrumento de presión, Ottawa tiene un incentivo para ampliar sus opciones y ganar capacidad de negociación.

Esa diversificación, sin embargo, llevará tiempo. Según Associated Press, Estados Unidos recibió el 71.7 por ciento de las exportaciones canadienses de mercancías en 2025. La magnitud de ese intercambio explica tanto el peso de las decisiones de Trump como la dificultad de reducir rápidamente la dependencia. 

La respuesta que Washington considera hostil

Trump ya ha sugerido que el eventual arreglo entre Canadá y Europa podría constituir un “acto hostil” y ha amenazado con imponer aranceles a Europa si lo interpreta de esa manera, de acuerdo con Associated Press. Funcionarios canadienses sostienen que la iniciativa responde a intereses compartidos y no está dirigida contra Estados Unidos. 

Ahí aparece la contradicción central: ejercer presión sobre un socio puede empujarlo a buscar otros mercados y alianzas. Considerar después esa decisión una ofensa supone cuestionar el margen que ese país tiene para definir sus propias relaciones internacionales.

Esta lectura no implica que el acercamiento europeo haya comenzado con Trump. Los vínculos son anteriores. Lo que cambia es la urgencia política de fortalecerlos frente a una relación con Washington cada vez más incierta.

Una asociación todavía en construcción

La fórmula de “miembro asociado” promovida por Von der Leyen sigue en discusión y ha encontrado objeciones entre países europeos. No equivale a una adhesión aprobada ni permite dar por establecidos derechos de libre residencia o trabajo. Carney ha descartado el ingreso pleno y anticipa nuevas negociaciones durante el próximo año. 

Lo que ya resulta visible es la búsqueda de mayor autonomía canadiense. La presión de Trump puede conseguir concesiones inmediatas, pero también puede estimular la construcción de alternativas que reduzcan su influencia futura. El acercamiento a Europa muestra ese riesgo para Washington: sus propias decisiones contribuyen a impulsar una respuesta que después amenaza con castigar.

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