
Las llamadas pausas de hidratación se han convertido en uno de los temas más discutidos del Mundial 2026. Lo que para algunos representa una medida necesaria para proteger la salud de los jugadores, para otros supone una alteración del ritmo tradicional del juego.
Este lunes, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, defendió la decisión de establecer pausas obligatorias en todos los partidos del torneo. Según explicó, la medida responde principalmente a las altas temperaturas registradas en distintas sedes de México, Estados Unidos y Canadá.
“El motivo por el que hay estas pausas es claramente el calor”, afirmó Infantino durante una entrevista concedida a la agencia EFE. El dirigente añadió que, en un torneo tan exigente como una Copa del Mundo, donde algunos equipos pueden disputar hasta ocho encuentros en apenas 39 días, contar con unos minutos para recuperarse resulta importante desde el punto de vista físico.
Las pausas, que duran aproximadamente tres minutos, han generado opiniones divididas. Algunos entrenadores consideran que permiten reorganizar tácticamente a sus equipos en momentos clave del encuentro, mientras que otros sostienen que interrumpen la dinámica natural del juego y rompen el ritmo competitivo.
Para la FIFA, sin embargo, la medida busca garantizar igualdad de condiciones. Infantino argumentó que si las pausas se aplicaran únicamente en ciertos partidos o determinadas circunstancias climáticas, algunos entrenadores tendrían oportunidades de ajuste táctico que otros no tendrían.
El dirigente también rechazó las versiones que atribuyen las interrupciones a intereses comerciales o televisivos. Según explicó, los acuerdos de transmisión y patrocinio ya estaban firmados antes del inicio del torneo, por lo que, aseguró, la decisión responde exclusivamente a criterios deportivos y de bienestar físico.
No obstante, el propio presidente de la FIFA reconoció que las pausas pueden influir en el desarrollo de los encuentros. Admitió que podrían modificar el resultado de algunos partidos, aunque señaló que será necesario analizar con más detalle sus efectos una vez concluido el Mundial.
Más allá de la discusión inmediata, el debate revela un fenómeno más amplio. El futbol moderno exige cada vez más intensidad física, recorridos más largos y esfuerzos sostenidos durante noventa minutos o más. Al mismo tiempo, los torneos internacionales se disputan en ciudades con condiciones climáticas muy diversas y, en algunos casos, con temperaturas que pueden representar un riesgo para los deportistas.
La pregunta de fondo es si el futbol debe adaptarse a estas nuevas realidades o mantenerse fiel a tradiciones construidas durante más de un siglo. Las pausas de hidratación parecen ser uno de los primeros intentos de responder a ese desafío.
Por ahora, la FIFA considera que la medida ha contribuido a mantener la intensidad de los partidos. Sus críticos, en cambio, sostienen que todavía es pronto para saber si el beneficio físico compensa las modificaciones que introduce en el desarrollo del juego.
Lo cierto es que el Mundial 2026 podría marcar un precedente. Lo que hoy parece una innovación temporal podría convertirse en una característica habitual del futbol internacional en los próximos años.










