Ebrard: el T-MEC seguirá vigente al menos 10 años más

Marcelo Ebrard ofrece una conferencia sobre temas económicos y comerciales relacionados con el T-MEC.
Marcelo Ebrard, secretario de Economía, durante una intervención pública en la que abordó el futuro del T-MEC y el proceso de revisión que iniciará formalmente el próximo 1 de julio.

Marcelo Ebrard afirmó que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá continuará vigente al menos durante los próximos diez años, independientemente del resultado de la revisión prevista para el 1 de julio. El funcionario destacó que la discusión se centrará en las condiciones futuras del acuerdo y no en su desaparición.

Durante los últimos meses han circulado en espacios políticos, empresariales y mediáticos diversas versiones que advierten sobre la posibilidad de que México enfrente dificultades para mantener vigente el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Algunas de esas voces incluso han sugerido que una mala conducción política por parte del actual gobierno mexicano podría llevar a que el acuerdo comercial no continúe en el futuro.

Sin embargo, los hechos conocidos hasta ahora muestran un panorama muy distinto. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, aclaró recientemente que el tratado continuará vigente por lo menos durante los próximos diez años, independientemente de lo que ocurra el próximo 1 de julio, fecha en la que los tres países deberán comunicar formalmente si buscan extender su vigencia por 16 años adicionales o mantener el esquema actual de revisiones periódicas.

“El peor escenario es que siga 10 años”, resumió el funcionario al explicar el mecanismo previsto en el propio acuerdo comercial. La declaración es relevante porque desmonta una de las ideas que más se han repetido en los últimos meses: que el T-MEC estaría en riesgo de desaparecer de manera inmediata. De acuerdo con las reglas del tratado, ese escenario simplemente no está sobre la mesa en este momento.

Lo que ocurrirá el 1 de julio no será el fin de un proceso, sino el inicio de una nueva etapa de negociaciones. México ya adelantó que propondrá una extensión de 16 años mediante una carta firmada por la presidenta Claudia Sheinbaum. Estados Unidos y Canadá harán lo propio con sus respectivas posiciones, y posteriormente comenzará una discusión más detallada sobre distintos temas comerciales.

Esto no significa que las negociaciones serán sencillas. Existen diferencias sobre reglas de origen, contenido regional en algunas industrias y otros aspectos que Washington ha planteado desde hace tiempo. Pero una negociación compleja no equivale a la desaparición del tratado.

Más aún, la realidad económica de América del Norte parece apuntar en dirección contraria. México y Estados Unidos mantienen una de las relaciones comerciales más importantes del mundo. Millones de empleos, inversiones y cadenas de suministro dependen de esa integración productiva.

El propio Ebrard recordó que alrededor del 85 por ciento del comercio entre ambos países se realiza actualmente sin aranceles y destacó que México sigue siendo uno de los socios comerciales con mejores condiciones de acceso al mercado estadounidense.

A ello se suma un factor que suele pasar desapercibido en el debate político: la competencia global. Frente al crecimiento económico y manufacturero de Asia, particularmente de China, Estados Unidos, Canadá y México tienen incentivos para fortalecer su integración regional y no para debilitarla.

Por esa razón, el debate serio no parece estar centrado en si el tratado continuará existiendo, sino en cuáles serán las condiciones de su siguiente etapa y qué ajustes buscará cada país durante las negociaciones.

Como ocurre con frecuencia en los procesos políticos y económicos de gran escala, las declaraciones más alarmistas suelen generar más atención pública que los datos concretos. Sin embargo, la información disponible hasta ahora indica que el T-MEC sigue siendo considerado una herramienta estratégica para las tres economías de América del Norte.

La revisión que comienza este verano será importante y probablemente estará acompañada de tensiones, presiones y negociaciones difíciles. Pero presentar el escenario como una posible desaparición del acuerdo responde más a una narrativa política que a los hechos que hoy se encuentran sobre la mesa.

Al menos por ahora, la discusión no es si el T-MEC seguirá existiendo, sino cómo será el tratado que acompañe a la región durante la próxima década.

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