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El Universal y los 2.6 millones de hogares sin alimentos: cuando una cifra verdadera construye una noticia engañosa

Periódico sobre un escritorio, acompañado de documentos con gráficas estadísticas y una lupa que amplía una de ellas, como representación del análisis crítico de la información periodística.
Una cifra estadística puede ser correcta, pero su interpretación depende del contexto y de las condiciones en que fue obtenida. La precisión es indispensable para informar con veracidad.

El Universal publicó este 24 de septiembre una noticia según la cual 2.6 millones de hogares mexicanos se quedaron sin alimentos por falta de dinero. La cifra procede del INEGI y, por tanto, tiene un respaldo estadístico. Sin embargo, la manera en que el periódico la presenta merece un cuestionamiento que va mucho más allá de una diferencia de interpretación.

El problema no está en los 2.6 millones. Está en lo que se hace con ellos. La Encuesta Intercensal 2025 pregunta si, durante los últimos tres meses, algún hogar se quedó sin alimentos por falta de dinero o recursos. Es decir, registra si esa situación ocurrió alguna vez dentro de un periodo determinado, pero no establece que los hogares afectados permanezcan sin comida un periodo mayor a un día, ni que hayan experimentado esa carencia de manera continua, como tampoco establece si eso significó que se hayan quedado sin comer. La diferencia es fundamental.

Una familia que durante esos tres meses se quedó sin alimentos en una sola ocasión puede formar parte de la estadística. También puede formar parte de ella otra familia que haya sufrido esa situación reiteradamente. Ambas experiencias merecen atención, pero no describen necesariamente la misma realidad.

Cuando un medio omite esa condición temporal y presenta la cifra como si describiera una situación permanente, modifica el significado de la información, pues no es lo mismo haber experimentado una carencia que encontrarse permanentemente en esa condición.

Y no se trata de una precisión reservada a los especialistas. Es una diferencia que cualquier lector necesita conocer para comprender correctamente la noticia.

Una omisión que no es inocente

Creo que El Universal tergiversó intencionalmente el dato estadístico, no porque yo tenga acceso a las deliberaciones internas del periódico o porque pueda demostrar qué pensaba el periodista al redactar su nota. Lo sostengo como una valoración editorial basada en la naturaleza de la omisión y en mi apreciación de la trayectoria informativa de ese medio.

El Universal no es un periódico principiante. Cuenta con décadas de experiencia, periodistas profesionales, editores y una estructura dedicada precisamente a seleccionar, verificar y presentar información.

Por eso me resulta difícil atribuir a un simple descuido la eliminación de una condición que modifica sustancialmente el significado de una cifra. La pregunta que corresponde hacer es sencilla: ¿por qué no informar desde el encabezado que esos 2.6 millones de hogares experimentaron al menos una vez la falta de alimentos durante los tres meses anteriores a la entrevista?

Esa precisión no habría eliminado la noticia, así como ampoco habría disminuido la importancia de estudiar las dificultades económicas que enfrentan las familias mexicanas, pero sí habría permitido que el lector comprendiera lo que realmente midió el INEGI.

La verdad estadística y la verdad informativa

Imaginemos una encuesta que preguntara a los mexicanos si alguna vez durante los últimos tres meses sintieron tristeza, soledad o miedo. Ahora supongamos que millones de personas respondieran afirmativamente. ¿Sería correcto publicar que millones de mexicanos viven sumidos en la tristeza, la soledad o el miedo? Por supuesto que no, porque la encuesta habría registrado experiencias ocurridas dentro de un periodo, no necesariamente condiciones permanentes.

Con la alimentación sucede algo semejante. El indicador del INEGI registra una experiencia concreta de privación por falta de recursos, pero no permite afirmar que todos los hogares contabilizados se encuentren continuamente sin alimentos.

Estas observaciones no significan que debamos restar importancia al hambre o a las dificultades económicas de las familias. Significa que debemos describirlas con precisión. Una cifra verdadera puede convertirse en el instrumento de una comunicación engañosa cuando se presenta de tal manera que el público termina entendiendo algo diferente de lo que los datos realmente demuestran. Y esa es, precisamente, mi objeción a la publicación de El Universal.

Informar no es construir una percepción

El periodismo tiene una responsabilidad que no termina en reproducir correctamente los números. Debe comunicar su significado, sus alcances y sus limitaciones. Cuando se informa sobre pobreza, hambre, inseguridad o cualquier otro problema social, las palabras elegidas pueden modificar profundamente la percepción pública.

No es necesario inventar una cifra para construir una representación equivocada de la realidad. Basta con seleccionar determinados datos, omitir condiciones esenciales o redactar encabezados que sugieran conclusiones que la información original no permite sostener. En mi opinión, eso es lo que ocurre con esta noticia.

La inseguridad alimentaria existe y debe atenderse. Los hogares que experimentan dificultades para conseguir alimentos merecen políticas públicas eficaces y una atención social permanente.

Pero precisamente por la importancia del problema, resulta indispensable conocer su verdadera dimensión, su frecuencia, su distribución territorial y su evolución a lo largo del tiempo. Presentar una cifra aislada sin explicar adecuadamente qué mide no contribuye a ese conocimiento.

La responsabilidad de un medio experimentado

Quienes trabajamos en medios pequeños podemos cometer errores. Tenemos limitaciones de recursos, experiencia y capacidad de revisión. Eso no nos exime de responsabilidad, pero ayuda a comprender por qué pueden producirse determinadas equivocaciones. En cambio un medio de la dimensión y trayectoria de El Universal, la exigencia profesional debe ser particularmente elevada.

No considero razonable tratar como una omisión menor la eliminación de una condición estadística que cambia lo que el público entiende de una noticia. Tampoco considero que la experiencia profesional de un medio deba utilizarse como garantía automática de veracidad. Por el contrario, cuanto mayor sea su capacidad de influencia, mayor debe ser el cuidado con el que examinamos sus publicaciones.

Mi conclusión es que El Universal utilizó una cifra verdadera para construir una representación engañosa de la realidad alimentaria de México.

Considero intencional esa tergiversación, aunque reconozco que demostrar la intención de sus responsables requeriría más elementos.

Lo que sí puede examinar cualquier lector es la diferencia entre el dato original y la manera en que se presenta. Y esa diferencia es suficiente para exigir una explicación.

La información pública no debe convertirse en un instrumento para inducir percepciones que los datos no sostienen. El derecho de la sociedad a estar informada exige algo más que cifras auténticas: exige que esas cifras sean comunicadas con fidelidad a su verdadero significado.

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