
Su fallecimiento, a los 92 años, deja al país ante la memoria de un dirigente que ayudó a convertir el anhelo de cambio de millones de personas en una fuerza capaz de transformar la vida pública.
Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano falleció el miércoles 28 de octubre de 2026, a los 92 años. Con su partida, México pierde a uno de los grandes forjadores de su historia democrática: un hombre cuya importancia no puede medirse solamente por los cargos que ocupó, sino por los caminos que abrió para que la ciudadanía pudiera decidir el rumbo del país.
Hijo del general Lázaro Cárdenas y de Amalia Solórzano, construyó una trayectoria propia. Fue gobernador de Michoacán entre 1980 y 1986, tres veces candidato presidencial y, en 1997, el primer jefe de Gobierno del Distrito Federal elegido mediante el voto ciudadano. Su lugar en la memoria nacional se explica, sobre todo, por haber encabezado una ruptura que modificó las posibilidades de la oposición mexicana.
En los años ochenta, junto con Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y otros dirigentes, impulsó la Corriente Democrática dentro del PRI. Cuestionar los mecanismos de sucesión presidencial significaba desafiar una de las bases del poder de aquel partido. Su salida del priismo y su candidatura de 1988 por el Frente Democrático Nacional dieron una expresión política común a sectores que reclamaban democracia, justicia social y soberanía.
Aquella elección quedó marcada por la llamada caída del sistema y por las denuncias de fraude contra el triunfo oficialmente atribuido a Carlos Salinas de Gortari. Para millones de mexicanos, 1988 dejó una herida que trascendió la disputa entre candidatos: puso en cuestión la credibilidad de las elecciones y volvió inaplazable la exigencia de que el voto fuera respetado.
Cárdenas ayudó a sostener esa inconformidad por una vía política y pacífica. En 1989 participó en la fundación del PRD, que reunió distintas tradiciones de izquierda y movimientos sociales. La lucha democrática adquirió así una organización con presencia nacional y capacidad de disputar el poder.
El triunfo de 1997 en la capital fue otra conquista decisiva. Los habitantes del entonces Distrito Federal pudieron elegir a su gobernante, y Cárdenas encabezó esa nueva etapa. La democracia comenzaba a traducirse en un derecho concreto: decidir quién debía gobernar la ciudad.
Su pensamiento vinculó las libertades políticas con las condiciones de vida de la población. La defensa del patrimonio nacional, de los recursos energéticos y de la soberanía formó parte de una misma preocupación: que las decisiones públicas respondieran a las necesidades del país. También conservó posiciones propias y expresó diferencias con dirigentes de la izquierda. Su trayectoria recuerda que una tradición política puede compartir causas sin exigir unanimidad.
Las publicaciones difundidas tras su fallecimiento reflejan la amplitud de ese reconocimiento. Claudia Sheinbaum destacó sus principios y el movimiento pacífico que encabezó en 1988. Andrés Manuel López Obrador lo reconoció como precursor democrático y escribió: “Sin él, otra sería la realidad política del país”.
La Jornada documentó las condolencias de representantes de Morena, PT, PRI y PAN. Leonel Godoy subrayó su contribución a las elecciones libres y al pluralismo; Alejandro Encinas recordó que su lucha transformó la vida pública. El reconocimiento desde distintas fuerzas políticas permite apreciar una dimensión de su legado que rebasa las fronteras partidistas.
También la ONU y la Unión Europea en México publicaron mensajes de pesar y reconocimiento a su compromiso democrático. Pemex destacó su defensa de la soberanía energética. Estas expresiones acompañan a su familia y confirman la presencia de su trayectoria en la memoria pública nacional e internacional.
Despedir a Cuauhtémoc Cárdenas es recordar que las libertades de hoy tienen una historia de organización, perseverancia y participación ciudadana. La transformación democrática fue obra de muchas personas; él fue uno de sus protagonistas indispensables.
No llegó a ocupar la Presidencia de la República. Su huella, sin embargo, permanece en una conquista que ayudó a ensanchar: el derecho del pueblo mexicano a hacerse escuchar y a decidir su destino.










