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El día que Cárdenas decidió pisar el lodo político

Cuauhtémoc Cárdenas, a la derecha, conversa con Carlos Alazraki y Javier Lozano alrededor de una mesa durante una entrevista.
Cuauhtémoc Cárdenas durante su participación en una entrevista con Carlos Alazraki y Javier Lozano. Captura de pantalla del programa Desayunando, de Atypical Te Ve. Fuente: video original en YouTube.

La participación del Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas en un programa anti 4T conducido por Carlos Alazraki y Javier Lozano llamó la atención por la decisión política del invitado: un referente histórico de la izquierda aceptó expresar sus desacuerdos con el gobierno de López Obrador en una plataforma viceral donde la verdad no tiene relevancia y cuyo propósito es ensuciar al gobierno de izquierda.

La distancia de Cuauhtémoc Cárdenas frente a Andrés Manuel López Obrador también puede leerse a través de los escenarios que eligió para expresarla. Uno de ellos fue Atypical Te Ve, donde participó en 2021 en una conversación con Carlos Alazraki y Javier Lozano sobre el panorama nacional, la economía y el gobierno lopezobradorista. 

El episodio llamó la atención por quién decidió sentarse a esa mesa. Un Cárdenas que había contribuido decisivamente a abrir una posibilidad nacional de gobierno para la izquierda. Su presencia aportaba un prestigio histórico que sus anfitriones podían incorporar a su propio discurso de oposición.

La orientación del espacio era explícita. En julio de aquel mismo año, Alazraki había declarado en una entrevista con MVS: «Somos un canal de oposición». Agregó que no quería que se votara por Morena. No era necesario adivinar desde dónde hablaba. 

Por eso, la participación del ingeniero tenía un significado que excedía el intercambio de opiniones. Una crítica pronunciada por un adversario habitual de López Obrador hubiera producido un efecto casi nulo, pero una crítica formulada desde esa misma mesa por Cárdenas producía sorpresa y desconcierto. Permitía presentar a un referente histórico de la izquierda como una voz que coincide con la oposición más sucia, radical y viceral del país.

El contexto vuelve especialmente discutible aquel señalamiento: en 2021 México atravesaba el segundo año de una pandemia que había provocado una profunda crisis económica mundial. La recuperación seguía condicionada por nuevas olas de contagios, restricciones a las actividades y alteraciones en las cadenas de suministro. 

Cuauhtémoc Cárdenas fue a Atypical a criticar la falta de crecimiento económico en México cuando criticar la falta de crecimiento bajo López Obrador exigía colocar la pandemia en el centro del análisis. No era un detalle secundario: se estaba evaluando a un gobierno que había tenido que enfrentar una interrupción extraordinaria de la vida económica en el mundo. La pandemia no lo eximía de responsabilidad, pero tampoco podía juzgarse su desempeño como si hubiera gobernado en condiciones normales. 

Era legítimo discutir las decisiones gubernamentales y la suficiencia de la recuperación. Pero cualquier juicio serio debía distinguir entre los problemas anteriores a la emergencia, sus efectos extraordinarios y las decisiones tomadas para enfrentarla. Invocar el bajo crecimiento como prueba autosuficiente del fracaso de un gobierno empobrece el análisis. Es verdad que la pandemia no explica todo, pero excluirla tampoco explica nada.

Pero más allá de esa discusión económica, el punto político es que Cárdenas aceptó entrar en la trinchera más putrefacta de la oposición y conversar allí sobre el gobierno encabezado por quien lo había relevado del liderazgo de la izquierda. Su autoridad moral pudo servir para reforzar un relato adverso a la Cuarta Transformación, si no fuera por la nula credibilidad del medio en el que se presentó.

Acudir no equivalía a respaldar todo lo que Atypical pregona, pero Tampoco era un gesto sin consecuencias. Los dirigentes experimentados saben que sus palabras adquieren sentido por su contenido, por el lugar donde se pronuncian y por quienes las convierten en mensaje público.

Ese episodio se suma a una secuencia de señales de distanciamiento que difícilmente se explica sólo mediante diferencias programáticas. La pérdida de centralidad y el resentimiento con López Obrador que le arrebató el liderazgo de la izquierda ofrecen la clave para interpretar su presencia el la trinchera más enlodada de la política mexicana.

Reconocerlo no borra lo que Cárdenas hizo por la democratización, pero permite examinar una contradicción: quien ayudó a abrir cauces para la izquierda aceptó después sentarse en una plataforma de la derecha para discutir al movimiento que había llegado al gobierno. Su historia daba a aquella decisión un peso que el canal, por sí mismo, no tiene.

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