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El matrimonio pierde terreno, pero conserva su fortaleza: la estabilidad

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Una pareja vestida de boda firma un documento sobre una mesa de madera.
El matrimonio formaliza un compromiso cuya construcción continúa en la vida cotidiana.

En México, el matrimonio continúa siendo la forma predominante de unión de pareja, aunque cada vez comparte más espacio con la unión libre. De acuerdo con el INEGI, en 2025 se celebraron 491 mil matrimonios, una cantidad considerablemente menor a los más de 702 mil registrados en el año 2000, cuando el país tenía una población mucho más pequeña.

La transformación se aprecia mejor al observar cómo viven las parejas. Según el Censo de Población de 2020, aproximadamente dos terceras partes de las personas que vivían en pareja estaban casadas y una tercera parte vivía en unión libre. Dos décadas antes, el predominio del matrimonio era mucho mayor.

Estamos, por tanto, ante un cambio social importante. El matrimonio ha perdido centralidad como forma de constituir una pareja, pues millones de mexicanos construyen hogares, tienen hijos y comparten responsabilidades sin haber contraído matrimonio. Sin embargo, las investigaciones demográficas revelan algo que merece atención: las parejas casadas presentan, en términos generales, una mayor estabilidad que las que viven en unión libre.

Una transformación en la vida de pareja

La sociedad mexicana ha cambiado su manera de entender las relaciones familiares. Hoy las personas se casan más tarde, cuentan con mayor libertad para decidir cómo organizar su vida afectiva y enfrentan una presión social mucho menor para contraer matrimonio.

En 2025, la edad promedio al casarse fue de 32 años entre las mujeres y 35 entre los hombres. El matrimonio continúa siendo una decisión importante, pero ya no constituye necesariamente el requisito para la convivencia.

Nada de esto significa que una pareja en unión libre sea menos responsable o que sus sentimientos sean menos profundos, pues existen relaciones duraderas y comprometidas fuera del matrimonio, así como matrimonios que terminan después de pocos años.

Sin embargo, no todas las formas de convivencia presenten los mismos resultados. Y aquí encontramos un fenómeno especialmente interesante. ¿Qué parejas permanecen más tiempo juntas?

Cuando hablamos de divorcios solemos olvidar que las parejas que viven en unión libre también se separan, aunque esas rupturas no necesariamente quedan registradas en las estadísticas administrativas.

Por eso, para conocer la estabilidad de las relaciones, no basta con contar divorcios. Necesitamos observar cuántas parejas permanecen juntas después de varios años, independientemente de que hayan contraído matrimonio. 

Una investigación de Julieta Quilodrán, de El Colegio de México, publicada en 2025 y basada en la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) del INEGI, estudió la duración y disolución de las primeras uniones de pareja.

Su conclusión resulta significativa: las uniones libres presentan mayores niveles de ruptura que los matrimonios.

La investigación distingue entre separaciones, divorcios y uniones libres que posteriormente se convierten en matrimonios. Esto último es importante: cuando dos personas que viven juntas deciden casarse, su unión libre termina como condición jurídica, pero la relación continúa.

El resultado general es que, al comparar las relaciones durante periodos semejantes, el matrimonio aparece con una mayor permanencia de la pareja.

Por supuesto que este dato provoca la aparición de una pregunta ¿por qué las parejas en matrimonio permanecen más tiempo juntas que las que viven en unión libre? A esta pregunta no podemos responder “permanecen juntos porque están en matrimonio? 

En realidad el matrimonio es algo más que un documento. Sí nos preguntamos por qué una pareja casada podría tener mayores posibilidades de permanecer unida, nos encontraremos con que no existe una explicación única. Puede ocurrir que quienes deciden casarse tengan desde el principio una disposición más firme hacia la permanencia. También intervienen la edad, las condiciones económicas, la educación, los hijos y las circunstancias familiares.

Pero sería igualmente equivocado suponer que el matrimonio no aporta nada y que solamente representa un trámite administrativo. Casarse significa convertir una decisión personal en un compromiso reconocido públicamente. La pareja asume derechos y obligaciones, establece responsabilidades compartidas y da forma jurídica a un proyecto de vida común.

El matrimonio no inventa el compromiso, pero puede contribuir a fortalecerlo. La vida en pareja atraviesa inevitablemente dificultades. Es normal que aparezcan diferencias, preocupaciones económicas, enfermedades, cambios personales y circunstancias que ponen a prueba la convivencia.

En esos momentos, una relación necesita algo más que los sentimientos que le dieron origen. Necesita disposición para dialogar, resolver conflictos, compartir responsabilidades y reconocer que construir una vida juntos implica también atravesar momentos difíciles.

El matrimonio puede contribuir a esa disposición porque representa una decisión formal y expresa de permanencia. No garantiza que esa decisión se cumpla, pero le otorga una dimensión personal, familiar, jurídica y social. A diferencia de la unión libre, el matrimonio constituyó un compromiso formal ante la ley y la sociedad, y aunque no de decisivo, sí constituye una forma de presión que no existe en la unión libre.

No idealizar el pasado

Reconocer el valor del matrimonio no significa sostener que las generaciones anteriores vivían necesariamente relaciones más felices. Durante mucho tiempo, numerosas parejas permanecieron casadas por razones que nada tenían que ver con la calidad de su convivencia. La dependencia económica, especialmente de las mujeres, la presión familiar y religiosa y las dificultades para divorciarse contribuyeron a mantener uniones que, en ocasiones, resultaban profundamente insatisfactorias.

La mayor libertad para decidir con quién vivir y cuándo terminar una relación constituye un avance social que no debería ponerse en duda.

Tampoco sería razonable considerar que toda separación representa un fracaso. Existen circunstancias en las que terminar una relación es la decisión más saludable y responsable, particularmente cuando hay violencia o maltrato.

La estabilidad de una pareja tiene valor cuando está acompañada de libertad, respeto, responsabilidad y una convivencia digna. Permanecer juntos, por sí solo, no demuestra que una relación sea buena.

Pero reconocer estas realidades tampoco obliga a restarle importancia a una institución que, aun con sus imperfecciones, ha contribuido históricamente a organizar la vida familiar y establecer compromisos duraderos.

El matrimonio es una institución que conserva su sentido

La creciente aceptación de la unión libre nos muestra que la sociedad mexicana ya no considera indispensable el matrimonio para comenzar una vida en pareja. Sin embargo, los estudios sobre la duración de las relaciones sugieren que la institución matrimonial conserva una fortaleza que merece ser mencionada.

Es posible que una parte de esa fortaleza provenga de las características de quienes deciden casarse. Otra parte podría relacionarse con los compromisos y responsabilidades que el propio matrimonio establece. La investigación realizada por el INEGI no permite atribuir toda la diferencia a una sola causa.

Lo cierto es que el matrimonio no parece haber perdido su relevancia social en la misma proporción en que ha disminuido su presencia en la formación de nuevas parejas.

Las instituciones no deben conservarse simplemente porque son antiguas, pero tampoco deben considerarse innecesarias solamente porque existen alternativas. Su valor debe juzgarse también por lo que aportan a las personas y a la sociedad. El matrimonio, entendido como un compromiso libre, responsable y duradero, conserva razones importantes para seguir ocupando un lugar central en la vida familiar.

Una firma no garantiza el amor, así como tampoco quienes viven en unión libre son incapaces de construir relaciones sólidas, pero la decisión de asumir públicamente un proyecto compartido puede fortalecer las condiciones para sostenerlo.

El matrimonio no garantiza permanecer juntos, pero la evidencia disponible indica que sigue asociado con una mayor estabilidad.

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Fuentes de referencia: Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Estadísticas de Matrimonios y Divorcios 2025; Censo de Población y Vivienda 2020; Julieta Quilodrán, investigación sobre disolución de uniones conyugales en México, publicada en Estudios Demográficos y Urbanos, El Colegio de México, 2025.

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