Lo que une a China con los antiguos mayas sorprende a miles de visitantes en Pekín

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Escultura maya expuesta en el Museo de la Capital de Pekín durante la muestra internacional Maíz-Oro-Jaguar, visitada por público chino.
Una pieza escultórica de la antigua civilización maya es fotografiada por visitantes durante la exposición *Maíz-Oro-Jaguar* en el Museo de la Capital de Pekín, una de las mayores muestras internacionales dedicadas al patrimonio mesoamericano.

A primera vista parecen pertenecer a mundos completamente distintos. Una nació en el corazón de Mesoamérica; la otra floreció en el extremo oriental de Asia. Sin embargo, miles de visitantes que recorren actualmente una exposición en Pekín descubren con sorpresa que la antigua civilización maya y la cultura china comparten más semejanzas de las que cualquiera imaginaría.

El Museo de la Capital de Pekín presenta la exposición “Maíz-Oro-Jaguar: Grandes civilizaciones maya y andina”, considerada por sus organizadores como la muestra internacional más ambiciosa realizada por ese recinto desde su inauguración. Reúne más de 800 piezas arqueológicas, de las cuales 384 provienen de México, y permanecerá abierta hasta el próximo 18 de octubre.

Uno de los aspectos que más llama la atención del público chino es la comparación entre Kukulkán, la serpiente emplumada de la tradición maya, y el antiguo dragón chino. Aunque los especialistas aclaran que no existe evidencia histórica de contacto entre ambas culturas, sí reconocen sorprendentes coincidencias en sus formas de comprender el universo.

Para la cultura china, el dragón representa la lluvia, la fertilidad, la prosperidad y el equilibrio entre el cielo y la tierra. En la cosmovisión maya, Kukulkán también es un ser que comunica el mundo celestial con el terrestre y simboliza el orden del cosmos. Ambos ocupan un lugar central dentro de sus respectivas tradiciones espirituales.

La exposición incluso reproduce el célebre fenómeno astronómico del descenso de la serpiente emplumada sobre la escalinata del templo de Kukulkán, en Chichén Itzá, uno de los mayores logros científicos y arquitectónicos de la civilización maya. Para muchos visitantes chinos, esa precisión matemática y astronómica resulta tan impresionante como la ingeniería que permitió construir la Gran Muralla.

Tres coincidencias que sorprenden

  • Kukulkán y el dragón chino representan la conexión entre el cielo y la tierra.
  • El equilibrio de los opuestos aparece tanto en el yin y el yang como en la visión maya de la complementariedad entre vida y muerte, luz y oscuridad, masculino y femenino.
  • La observación del cielo fue fundamental para ambas civilizaciones, que desarrollaron calendarios y conocimientos astronómicos extraordinarios.

El recorrido también muestra algunos de los mayores aportes de los mayas al conocimiento humano: su avanzado sistema calendárico, el desarrollo de complejos cálculos astronómicos, el uso del número cero, sus técnicas agrícolas basadas en la milpa y la profunda relación espiritual con la naturaleza representada por la ceiba, árbol que conectaba el cielo, la tierra y el inframundo dentro de su cosmovisión.

Una de las piezas más admiradas es la máscara funeraria de jade procedente de Calakmul, acompañada por esculturas, incensarios, vasijas y relieves que permiten al visitante acercarse a una de las civilizaciones más sofisticadas del continente americano.

La muestra también incorpora una sección dedicada al mundo andino y, finalmente, un espacio desarrollado con apoyo de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde tecnologías digitales e inteligencia artificial permiten a los visitantes explorar el simbolismo del jaguar, el quetzal, el perro, los reptiles y otras especies sagradas para las culturas mesoamericanas.

Más allá del atractivo arqueológico, la exposición transmite un mensaje de enorme actualidad: las grandes civilizaciones pueden haber nacido sin conocerse entre sí y, aun así, haber desarrollado respuestas semejantes a las grandes preguntas de la existencia. La relación entre el ser humano y la naturaleza, el equilibrio entre fuerzas opuestas, el respeto por los ciclos del tiempo y la búsqueda de armonía aparecen una y otra vez en culturas separadas por océanos y miles de kilómetros.

Lejos de alimentar teorías sobre contactos antiguos que la investigación histórica aún no ha demostrado, la exposición invita a apreciar la capacidad de distintos pueblos para construir, desde contextos completamente diferentes, visiones profundas sobre el universo y sobre el lugar que ocupa el ser humano dentro de él.

En un momento en que las relaciones entre México y China adquieren mayor relevancia económica y cultural, esta exposición recuerda que el diálogo entre naciones también puede construirse a partir de la admiración por el patrimonio histórico compartido de la humanidad.

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