Los latinos tardan tres generaciones para sentirse típicamente estadounidenses 

Personas de origen hispano caminan por una calle de Estados Unidos, imagen que ilustra la diversidad de generaciones y experiencias de la comunidad latina.
El paso de las generaciones transforma la forma en que muchos hispanos se perciben a sí mismos en Estados Unidos, según una investigación del Pew Research Center.

¿Qué pasa con una familia cuando deja su país y empieza una nueva vida en otro? ¿Sus hijos y sus nietos siguen sintiéndose parte del lugar de donde salieron sus abuelos o terminan identificándose con el país donde nacieron?

Una investigación reciente del Pew Research Center muestra algo que quizá muchas familias mexicanas ya han visto con sus propios ojos: la identidad cambia con el paso de las generaciones.

El estudio encontró que los inmigrantes latinos conservan un fuerte vínculo con sus raíces. Siete de cada diez dicen que ser latinos es una parte muy importante de quiénes son. Pero esa forma de verse cambia conforme pasan los años y nacen nuevas generaciones.

Cuando se preguntó a los participantes si se consideraban “un estadounidense típico”, el 27 por ciento de los inmigrantes respondió que sí. Entre los hijos de inmigrantes el porcentaje subió a 60 por ciento y, entre los nietos y las generaciones posteriores, llegó al 72 por ciento.

Esto no significa que olviden el país de sus padres o de sus abuelos. Lo que cambia es la manera en que se ven a sí mismos.

Quien llegó desde México, Guatemala, El Salvador, Cuba o cualquier otro país latinoamericano suele conservar muy presente su historia, su cultura y sus costumbres. Sus hijos crecen entre dos mundos: el de la familia y el de la sociedad estadounidense. En cambio, para muchos nietos, Estados Unidos ya no es el país donde llegaron sus abuelos; es simplemente el lugar donde nacieron, estudiaron, hicieron amigos y construyeron su vida.

Pero no es un fenómeno exclusivo de los hispanos. Hace más de cien años ocurrió algo parecido con millones de italianos, irlandeses, alemanes, polacos y otros inmigrantes que llegaron a Estados Unidos buscando un futuro mejor. Sus hijos y sus nietos también fueron sintiéndose cada vez más estadounidenses sin borrar por completo la historia de sus familias.

Eso sí, el estudio también muestra que las raíces no desaparecen tan fácilmente. Alrededor de seis de cada diez hispanos, tanto inmigrantes como nacidos en Estados Unidos, dicen que lo que les sucede a los hispanos en ese país también afecta sus propias vidas. Es decir, muchos pueden sentirse plenamente estadounidenses y, al mismo tiempo, seguir sintiendo cercanía con la comunidad hispana.

Hay otro dato que resulta muy interesante. Cuando se les pregunta cómo prefieren identificarse, la mayoría no responde simplemente “latino” o “estadounidense”. Prefiere decir “mexicano”, “puertorriqueño”, “cubano”, “salvadoreño” o el país del que proviene su familia. Es una forma de recordar que la palabra “hispano” no es sólo una categoría sino que existen millones de historias diferentes.

Tal vez por eso resulta equivocado hablar de “los hispanos” como si todos pensaran y vivieran igual. Un inmigrante recién llegado tiene una historia muy distinta a la de su hijo, y mucho más diferente a la de su nieto.

Para México, esta investigación también deja una reflexión importante. Millones de familias tienen hijos, nietos o hermanos viviendo en Estados Unidos. A veces se espera que conserven exactamente las mismas costumbres, la misma forma de hablar o el mismo sentido de pertenencia que quienes permanecieron en México. Sin embargo, la realidad suele ser más compleja.

Las personas cambian junto con el lugar donde viven. Sus hijos crecen en otra cultura y sus nietos en otra más. Eso no significa que renuncien a sus raíces, sino que construyen una identidad nueva, donde conviven el recuerdo de sus orígenes y la vida que han hecho en el país donde crecieron.

Quizá esa sea la principal enseñanza del estudio del Pew Research Center: la identidad no permanece inmóvil. Cambia con el tiempo, se adapta a las nuevas generaciones y encuentra nuevas formas de expresar de dónde venimos y quiénes somos.

Las raíces pueden seguir vivas, incluso cuando las nuevas generaciones ya sienten que su hogar está en otro lugar.

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