
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, subió este jueves 24 de septiembre a la tribuna de la Asamblea General de Naciones Unidas y, mientras comenzaba su intervención, decenas de representantes de distintos países se levantaron y abandonaron el recinto en señal de rechazo a las acciones genocidas en Gaza.
La representación palestina había solicitado previamente a otras misiones que participaran en una protesta colectiva y la sala, que se había llenado antes de la intervención de Netanyahu, quedó semi vacía. Reuters, AFP y otras agencias internacionales documentaron el momento.
Netanyahu entendió perfectamente el significado del gesto y respondió molesto desde la tribuna: calificó de “cobardes morales” a quienes habían salido e invitó a marcharse a quienes todavía quisieran hacerlo. Posteriormente defendió la actuación de Israel y rechazó nuevamente las acusaciones de genocidio en Gaza.
Un vacío que dice mucho
Abandonar el salón no tiene consecuencias jurídicas ni detiene una guerra, no modifica las decisiones del gobierno israelí y tampoco altera la particular estructura de poder de Naciones Unidas, donde cinco países conservan derecho de veto en el Consejo de Seguridad, pero sería un error concluir por ello que el gesto carece de importancia.
La diplomacia está llena de símbolos como recibir a un mandatario, negarse a hacerlo, aplaudirlo, permanecer en silencio o abandonar el recinto mientras habla. Por lo tanto, quienes salieron del recinto, con ello hicieron explícita su reprobación a la política israelí.
Ese es precisamente el valor de la imagen del salón de la ONU prácticamente vacío, pues muestra que quienes abandonaron la sala sí quisieron dejar constancia pública de su rechazo a las actos inhumanos de Israel.
Israel conserva un enorme poder militar y, sobre todo, mantiene la alianza estratégica de Estados Unidos. Ese respaldo posee un peso extraordinario porque Washington no es solamente una potencia económica y militar: también es uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad con capacidad de veto.
Israel, por tanto, puede encontrarse profundamente cuestionado internacionalmente y, gracias al apoyo que recibe de Estados Unidos, conservar al mismo tiempo una considerable capacidad para sostener sus decisiones de agredir a Gaza, Irán, Líbano, Siria o Yemen.
Poder no es lo mismo que legitimidad
Ahí aparece probablemente la imagen más significativa de lo ocurrido. Netanyahu conservó íntegramente su derecho a hablar ante Naciones Unidas. Nadie se lo impidió. Pero numerosos representantes nacionales decidieron retirarle su presencia y su escucha.
El episodio tampoco ocurrió aisladamente. Durante esta Asamblea General distintos dirigentes han cuestionado severamente la actuación israelí en Gaza, mientras las cifras acumuladas de muertos y la destrucción material han colocado nuevamente el conflicto en el centro de la discusión internacional.
Reuters reporta que las autoridades sanitarias de Gaza contabilizan más de 73 mil palestinos muertos desde octubre de 2023; mientras tanto, Israel sostiene que sus operaciones tienen como objetivo a Hamás y rechaza las acusaciones de genocidio. Por eso la fotografía de Netanyahu frente a numerosos asientos vacíos tiene un valor político que trasciende la anécdota.
Israel conserva poder, pero está mostrando signos evidentes del deterioro de la aceptación internacional ante la política bélica de su gobierno.
Estados Unidos puede ofrecer respaldo militar y diplomático a Israel e incluso utilizar su poder dentro del Consejo de Seguridad. Lo que ningún aliado puede proporcionarle automáticamente es la aprobación de los demás países.
Los asientos vacíos de la Asamblea General no resolvieron el conflicto de Gaza ni pretendían hacerlo. Más bien lo que pretendían decir algo. Y lo dijeron sin necesidad de pronunciar una sola palabra.
Quedarse y escuchar no expresa necesariamente adhesión. Salir, en cambio, sí tuvo ayer un significado inequívoco: hacer visible el rechazo.
¿Y México?
Hasta ahora no existe información suficientemente sólida para establecer qué hizo la representación mexicana durante la protesta. Sólo un medio mexicano ha señalado que México permaneció en el recinto y que estaba representado por el secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco. Sin embargo, este último dato resulta bastante inconsistente con la información disponible, pues Velasco se encontraba en México participando en la recepción y visita oficial del presidente de Corea del Sur, Lee Jae-myung,
Tampoco hay confirmación de que la delegación de México permaneciera en la sala ni de quién la representaba en ese momento. Por ello, lo responsable es mantener el dato como no confirmado.
En cualquier caso, permanecer en el recinto no habría significado por sí mismo respaldo a Netanyahu. Quedarse y escuchar no expresa necesariamente adhesión.










