
El psicopedagogo, filósofo, exfutbolista y entrenador argentino Ángel Cappa lanzó una de las críticas más severas contra la organización de la Copa Mundial 2026 al afirmar que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de FIFA, Gianni Infantino, “adulteraron” el torneo.
En una columna de opinión publicada durante la fase final de la competencia, Cappa sostuvo que la decisión de levantar la suspensión del delantero estadounidense Folarin Balogun representó una vulneración del reglamento y una muestra de la influencia política sobre las decisiones deportivas. Según el entrenador argentino, ese episodio dejó bajo sospecha las actuaciones arbitrales y el funcionamiento del VAR durante el resto del campeonato.
Las declaraciones se producen después de que la eventual cancelación de la sanción al atacante estadounidense generara un amplio debate internacional sobre la autonomía de la FIFA frente a presiones externas. Cappa sostiene que no solo se modificó una decisión deportiva, sino que el propio Donald Trump habría presumido públicamente su intervención.
Aunque se trata de una valoración personal del exentrenador, sus palabras reflejan una preocupación que también ha aparecido entre analistas, periodistas y aficionados: que la imagen de imparcialidad del torneo resulte dañada cuando existen dudas sobre la aplicación uniforme de las reglas.
México perdió con dignidad
Cappa también dedicó espacio a la eliminación de México frente a Inglaterra. A diferencia de sus críticas institucionales, elogió el desempeño del conjunto mexicano al considerar que cayó “dignamente” después de disputar un partido de gran nivel.
En contraste, cuestionó con dureza el estilo mostrado por Paraguay frente a Francia, al que calificó como una propuesta basada en provocar al rival, interrumpir constantemente el juego y reducir al mínimo el tiempo efectivo de futbol. Incluso consideró que el arbitraje fue permisivo con ese tipo de conductas.
Una defensa del futbol bien jugado
Más allá de la polémica institucional, el exfutbolista aprovechó su columna para desarrollar una defensa del futbol creativo y asociativo.
Destacó la importancia del volante central como eje de la construcción ofensiva y puso como ejemplos al portugués Vitinha y al español Rodri, futbolistas que, a su juicio, representan la capacidad de iniciar el juego con inteligencia, distribuir el balón y colaborar en la recuperación defensiva.
También criticó la creciente tendencia de algunos equipos a copiar modelos tácticos sin adaptarlos a sus propias características. En particular, cuestionó el uso de pelotazos largos como mecanismo para presionar el saque de banda del adversario, una fórmula que, según afirmó, varias selecciones reprodujeron durante el Mundial.
Para Cappa, el futbol pierde riqueza cuando sustituye la creatividad por la repetición de esquemas.
El futbol y la dimensión humana
La parte final de su reflexión aborda el aspecto psicológico del deporte. Cappa sostiene que no solo existe el miedo a perder; también existe el miedo a ganar, especialmente en selecciones que históricamente no se consideran favoritas frente a las grandes potencias.
Como ejemplo mencionó el encuentro entre Egipto y Argentina, donde, a su juicio, la diferencia no estuvo únicamente en el talento, sino en la convicción de sentirse con derecho a ganar.
Concluye recordando que el futbol sigue siendo un espacio capaz de generar felicidad, aun en medio de los intereses económicos y políticos que rodean al deporte. Por ello, invita a disfrutar del juego sin dejar de cuestionar, cuando corresponda, las decisiones del poder.
Las afirmaciones de Ángel Cappa se inscriben en el terreno de la opinión y el análisis futbolístico. Sin embargo, por la trayectoria del autor y el momento en que fueron formuladas, contribuyen a un debate que ha acompañado buena parte del Mundial 2026: hasta qué punto la credibilidad de las competiciones internacionales depende de que las reglas se apliquen con independencia de cualquier presión política o institucional.










