
El Universal informó este 13 de octubre que el Hospital Central Militar registra un surtimiento de recetas de apenas el 56.46 % en lo que va de 2026. Según el diario, el dato procede de documentos de la Dirección General de Sanidad del Ejército Mexicano que obran en su poder, pero no da a conocer el documento ni su contenido a detalle, lo cual es importante para conocer el alcance de la cifra.
En la información proporcionada por el diario no se distingue cuántas recetas fueron entregadas parcialmente, cuántas no recibieron ningún medicamento y cuántas se completaron después. Tampoco se explica cómo se contabilizan las entregas posteriores ni se precisa la fecha de corte. Sin esas aclaraciones, el porcentaje deja preguntas esenciales abiertas.
La existencia de faltantes debe investigarse, pero evaluar su gravedad exige conocer qué medicamentos faltan, dónde faltan , durante cuánto tiempo estuvieron faltando y con qué consecuencias para los pacientes. Una cifra de recetas no surtidas, sin explicar la metodología, no responde todas esas preguntas.
Una comparación cotidiana ayuda a entender el problema. Una consulta a mil personas que llegan a Soriana, Chedraui, Walmart o H-E-B con una lista de veinte productos. El 56% dice que al menos les faltó uno para surtir su despensa. Su compra quedó incompleta, pero sería desproporcionado utilizar ese hecho para anunciar que en México hay desabasto general de mercancías.
Con las recetas puede ocurrir algo semejante. Si una contiene cinco medicamentos y se entregan cuatro, queda parcialmente surtida. Eso acredita un faltante, pero no significa que el paciente haya salido sin ninguna medicina o que no haya surtido el faltante días después
Hay un elemento que necesita seguimiento. El Instituto Mexicano de Seguro Social sella las recetas que no fueron surtidas en su totalidad para que el usuario regrese días después por la medicina faltante. Esto no demuestra que el procedimiento opere igual en todas las instituciones ni que todos los pendientes se resuelvan, pero sí deja la duda de si las estadísticas que se publican considera que hay medicamento que se entrega después.
Si el registro conserva únicamente el resultado de la primera visita, una receta podría permanecer clasificada como incompleta aunque posteriormente se hubiera completado. Si el sistema actualiza ese resultado, la interpretación sería distinta. Para el porcentaje exhibido del Hospital Central Militar, ese punto no está claro.
Evidentemente una demora prolongada puede interrumpir un tratamiento médico, por lo que hace falta saber cuánto tiempo tarda en surtirse una receta,
Además tenemos la responsabilidad informativa. Si un periódico tiene los documentos que sustentan un porcentaje, debe explicar qué mide, cuál es su denominador y qué periodo comprende. Puede publicar esos detalles sin reproducir físicamente el expediente.
Las instituciones, por su parte, deben informar cuántas entregas pendientes resolvieron, en qué plazo y cuántas siguen sin atenderse. No deben ser los diarios los que revelen información tan relevante.
La conclusión es que un faltante inicial, una entrega posterior y una negativa sin resolver deben distinguirse. Omitir esas diferencias puede fortalecer la narrativa de que “no hay medicinas” más allá de lo que los datos permiten afirmar. Informar con honestidad exige mostrar tanto las carencias persistentes como las entregas que sí se realizan.










