La confusión de los “aliens”: una palabra cambia por completo una noticia

Ilustración conceptual de un extraterrestre verde brincando sobre un muro fronterizo en una zona desértica, simbolizando la confusión entre los términos “alien” como extraterrestre y “alien” como extranjero en el lenguaje político estadounidense.
Representación conceptual de un extraterrestre saltando un muro fronterizo, en alusión al debate generado por el uso de la palabra alien en la comunicación oficial del gobierno de Estados Unidos sobre inmigración.

Durante las últimas semanas, millones de personas en todo el mundo se encontraron con una noticia llamativa: la Casa Blanca lanzó un sitio llamado Aliens.gov y comenzó a hablar públicamente sobre los “aliens” que viven en Estados Unidos.

Para muchos lectores de habla hispana, la conclusión parecía obvia. Si se habla de aliens, entonces se habla de extraterrestres. Pero no era así.

En realidad, la palabra inglesa alien tiene dos significados muy distintos. El primero es el que aparece en películas, series y novelas de ciencia ficción: un ser proveniente de otro planeta. El segundo, mucho menos conocido fuera de Estados Unidos, es un término jurídico utilizado desde hace décadas para referirse a una persona extranjera que no posee la ciudadanía estadounidense.

Esa diferencia puede parecer un simple detalle lingüístico, pero en la práctica cambia por completo el sentido de una noticia.

Cuando la administración del presidente Donald Trump habla de millones de “aliens” dentro de Estados Unidos, no está afirmando que existan visitantes de otros mundos. Está hablando de inmigrantes extranjeros, especialmente de aquellos que se encuentran en situación migratoria irregular.

La confusión aumentó cuando el gobierno estadounidense presentó el portal Aliens.gov. Muchas personas pensaron que se trataba de una página relacionada con fenómenos extraterrestres, avistamientos o documentos secretos sobre vida fuera de la Tierra. Sin embargo, al ingresar al sitio, los visitantes encontraron información relacionada con inmigración y control fronterizo.

No parece haber sido un accidente. Diversos analistas han señalado que la elección del nombre aprovecha deliberadamente el doble significado de la palabra. Por un lado, llama la atención de una sociedad fascinada por los ovnis y los extraterrestres. Por otro, refuerza una narrativa política sobre la inmigración utilizando un término que puede transmitir la idea de alguien ajeno o extraño a la comunidad nacional.

El debate, por supuesto, no es solamente lingüístico. Desde hace años existe una discusión dentro de Estados Unidos sobre el uso de la palabra alien en documentos oficiales. Algunos sectores consideran que se trata de un término jurídico neutral que simplemente describe una condición migratoria

Otros sostienen que la palabra contribuye a deshumanizar a las personas migrantes al asociarlas con alguien que es completamente extraño a la sociedad.

Por esa razón, durante administraciones anteriores algunas dependencias federales comenzaron a sustituir expresiones como illegal alien por términos como noncitizen (no ciudadano) o undocumented immigrant (inmigrante indocumentado). La actual administración ha retomado el uso frecuente de alien, convirtiéndolo además en un elemento central de su estrategia de comunicación.

Lo ocurrido también deja una enseñanza importante para quienes consumen información internacional. No siempre las palabras significan lo mismo en distintos idiomas o contextos culturales. 

Una traducción literal puede generar interpretaciones completamente equivocadas. En español, la palabra “alienígena” suele asociarse de manera casi exclusiva con seres de otros planetas. En inglés, en cambio, la palabra alien puede aparecer en leyes migratorias, formularios gubernamentales y comunicados oficiales sin tener ninguna relación con extraterrestres.

Por eso, cuando la Casa Blanca habla de “aliens”, la pregunta más importante no es si existen seres de otros mundos. La pregunta correcta es a quién está llamando así y qué mensaje político busca transmitir al hacerlo. Porque, a veces, una sola palabra puede cambiar por completo la manera en que una sociedad entiende un problema.

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