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Jugos de fruta: aunque sea natural también necesita medida

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Vaso de jugo de naranja junto a un plato con naranja, toronja, kiwi y frambuesas sobre una mesa de madera.
Jugo y fruta en el plato: dos formas de consumirla que ofrecen distinta cantidad de fibra y facilitan porciones diferentes.

Un vaso recién exprimido puede aportar nutrientes y, al mismo tiempo, más azúcar de la que imaginamos. La clave para no excederse en calorías está en la porción y en lo que perdemos al extraer el jugo.

Durante años, preparar un jugo al despertar pareció una de las mejores maneras de cuidar la salud. Los infomerciales mostraban frutas que entraban en un extractor y salían convertidas en vasos llenos de color: era una imagen convincente de frescura, energía y salud. Muchos incorporamos ese hábito con la tranquilidad de estar haciendo algo bueno. Por eso desconcierta escuchar ahora que incluso los jugos naturales contienen grandes cantidades de azúcar.

La explicación comienza con una diferencia sencilla: comer fruta y beber su jugo no son equivalentes. El jugo puede aportar vitaminas y minerales, pero al extraerlo se pierde buena parte de la fibra. Además, en un vaso pueden reunirse varias piezas de fruta que bebemos en unos minutos, sin la masticación que exige comerlas. 

El Servicio Nacional de Salud británico, conocido como NHS, señala que la extracción elimina la mayor parte de la fibra de la fruta.  Es verdad que el extractor no fabrica azúcar, lo que hace es facilitar que consumamos, de una sola vez, la que contienen varias frutas. Una naranja y un vaso preparado con varias naranjas comparten el mismo origen, pero representan porciones y formas de alimentación diferentes.

La sorpresa cabe en un vaso pequeño

Un dato ayuda a dimensionarlo: según el NHS, un pequeño vaso de 150 mililitros de jugo pueden contener alrededor de 15 gramos de azúcar, aunque la cantidad varía según la fruta y la forma de prepararlo. Un vaso de 300 mililitros del mismo jugo aportaría el doble: unos 30 gramos. Todo ello puede estar presente aunque nadie haya añadido una cucharada de azúcar.

La Organización Mundial de la Salud incluye los azúcares presentes en los jugos dentro de los llamados azúcares libres, cuyo consumo recomienda limitar. Esa clasificación también comprende el azúcar añadido a alimentos y bebidas, así como el presente en miel y jarabes. El azúcar que permanece dentro de la estructura de la fruta entera recibe un tratamiento diferente en estas recomendaciones.

Por eso, “sin azúcar añadida” no significa “sin azúcar”, y “natural” tampoco significa que podamos beberlo sin medida. Es información que permite elegir mejor, sin convertir cada desayuno en un motivo de preocupación.

El jugo conserva valor nutricional. Reconocer su contenido de azúcar no borra sus vitaminas, del mismo modo que sus vitaminas no borran el azúcar. La salud depende del conjunto de la alimentación, de las cantidades y de los hábitos sostenidos.

Qué hacemos con el desayuno

La recomendación más útil es recuperar la fruta entera como elección habitual. Una naranja en gajos, una manzana o una porción de papaya permiten aprovechar su fibra. Para acompañarlas y calmar la sed, el agua puede ocupar el lugar del vaso grande de jugo.

Quien disfruta un jugo puede conservarlo en una porción pequeña. El NHS propone limitar el consumo conjunto de jugos y batidos de fruta a 150 mililitros al día (aproximadamente media taza), preferentemente con los alimentos, para reducir el riesgo de caries. Es una referencia práctica, no una cantidad que debamos cumplir diariamente ni una garantía de que cualquier consumo inferior resulte adecuado para todas las personas.

También conviene distinguir el extractor de la licuadora. El extractor separa el jugo y deja fuera buena parte de la pulpa y la fibra; la licuadora las conserva si no colamos la bebida. Pero conservar la fibra no elimina el azúcar de la fruta: si licuamos varias piezas para preparar un solo vaso, podemos consumir más de lo que comeríamos normalmente. Por eso, además de conservar la pulpa, conviene cuidar la cantidad de fruta que utilizamos.

Hay un aprendizaje valioso en esta aparente contradicción. Una costumbre adoptada con buena intención puede necesitar ajustes cuando comprendemos mejor sus efectos. La publicidad de los extractores ofrecía una imagen de salud que dejaba fuera la cantidad a consumir y, por supuesto, no mencionaba la pérdida de fibra.

Cuidarnos puede ser mucho más sencillo que comprar otro aparato: servir un vaso más pequeño, comer la fruta y reservar el agua para la sed. El mejor destino de buena parte de nuestras frutas sigue siendo el plato.

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