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Una sopa que da gusto preparar y comer

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Olla sobre la estufa con sopa de fideo en caldo de jitomate, zanahoria, calabacita y pollo deshebrado, lista para servir.
La sopa de fideo de siempre puede enriquecerse con verduras y pollo deshebrado, conservando su sabor casero.

Con jitomate, verduras y pollo deshebrado, la sopa de todos los días puede convertirse en un plato más variado y nutritivo. El cambio empieza desde que ponemos la olla al fuego.

Hay un momento en la cocina en que el aroma del jitomate, el ajo y la cebolla anuncia que pronto estará lista la comida. En muchos hogares mexicanos, ese olor viene de una sopa de pasta: fideos, letras, coditos o estrellitas que hemos comido desde pequeños y que siguen encontrando lugar en nuestra mesa.

Prepararla también puede ser una oportunidad para alimentar mejor a la familia. La idea es conservar ese sabor conocido y enriquecerlo poco a poco, mientras lavamos, picamos, licuamos y movemos la cuchara. Hagamos el recorrido con una sopa de fideo, aunque el mismo principio sirve para otras pastas, sólo hay que ajustar los tiempos de cocción.

Primero, un caldo con sabor de casa

Si vamos a utilizar pollo, comenzamos por cocerlo en agua con un trozo de cebolla y un diente de ajo. Media pechuga es suficiente para aprovechar tanto el caldo como el pollo deshebrado. Dejamos que se cocine completamente, a hervor suave, y retiramos la espuma que aparezca en la superficie.

Cuando esté listo, sacamos el pollo y reservamos el caldo. En cuanto la carne pueda manipularse sin quemarnos, retiramos piel y huesos y la deshebramos. Esas hebras volverán a la olla más adelante.

También podemos aprovechar pollo y caldo de una preparación anterior, siempre que se hayan conservado adecuadamente en refrigeración. Así, una misma cocción facilita más de una comida.

No necesitaremos cubitos ni polvos sazonadores, porque el ajo, la cebolla y el propio pollo ya están construyendo el sabor; la sal la ajustaremos al final.

En la licuadora comienza la diferencia

Mientras se cuece el pollo, lavamos los jitomates y las verduras. Para una sopa familiar con unos 200 gramos de fideo es suficiente. Podemos comenzar con tres o cuatro jitomates medianos, un trozo de cebolla, un diente pequeño de ajo y media zanahoria.

Cocemos los jitomates y la zanahoria en un poco de agua hasta que se ablanden. Después los licuamos con el ajo, la cebolla y el líquido necesario para que la mezcla circule. La zanahoria se integra al color del jitomate y aporta un ligero dulzor; basta una cantidad moderada para acompañar el sabor habitual, por eso sugerimos media zanahoria.

También podemos incorporar un poco de calabacita cocida, y toma en cuenta que si utilizamos la salsa sin colar podemos aprovechar la pulpa y la fibra de los ingredientes.

Sobre la tabla dejamos preparada otra zanahoria cocida en cubitos pequeños y una calabacita cocida también picada. Una parte de las verduras estará integrada en la salsa y otra quedará visible al servir.

Ahora sí, el fideo a la olla

Ponemos una olla al fuego con un poco de aceite, apenas lo necesario para mover la pasta sin que se pegue. Añadimos el fideo y lo removemos a fuego medio hasta que tome un dorado ligero y parejo.

Conviene quedarse cerca: entre el color dorado y el fideo quemado hay poco tiempo. No hace falta que quede oscuro ni empapado en aceite, solo hay que moverlo constantemente.

Bajamos el fuego y vertemos con cuidado la salsa, porque puede salpicar. Movemos y dejamos que se cocine unos minutos, hasta que el jitomate pierda su olor a crudo. Es aquí donde empieza a sentirse ese aroma que llama a la mesa.

El caldo y las verduras entran por turnos

Añadimos el caldo de pollo caliente. Para 200 gramos de fideo podemos comenzar con alrededor de un litro y medio, reservando más por si hace falta: la cantidad dependerá de la pasta y de qué tan caldosa nos guste la sopa.

Incorporamos la zanahoria cortada muy pequeña y mantenemos un hervor suave. Si queremos usar chayote o ejotes, conviene añadirlos previamente cocidos o adelantarlos en una olla aparte, porque necesitan más tiempo que el fideo.

Cuando a la pasta le falten unos minutos, agregamos la calabacita. Así tendrá oportunidad de ablandarse sin deshacerse. También pueden entrar unos chícharos cocidos; no hace falta reunir todas las verduras en una sola preparación.

La sopa va cambiando frente a nosotros: al rojo del jitomate se suman el naranja de la zanahoria y el verde de la calabacita.

El pollo vuelve al final

Antes de terminar, incorporamos el pollo deshebrado y dejamos que se caliente bien dentro del caldo. Probamos y ajustamos la sal. Un poco de cilantro o perejil, si gusta en casa, puede completar el aroma.

El caldo ayuda a dar sabor; la carne de pollo aporta una cantidad más importante de proteína. Para variar, otro día podemos preparar la sopa con garbanzos o lentejas ya cocidos.

Apagamos cuando la pasta esté cocida, antes de que se ablande demasiado. Conviene servir pronto, porque seguirá absorbiendo líquido.

Al llevarla a la mesa tendremos una sopa reconocible, pero con más ingredientes y distintas texturas. Si será la entrada, bastará una porción pequeña; si ocupará el centro de la comida, podemos servirla con suficiente verdura y pollo.

Comer mejor también puede empezar así: con una olla conocida, lo que tenemos a mano y unos minutos para darle a la sopa de siempre un poco más de color, sustancia y cuidado.

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